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EPISODE · May 20, 2026 · 22 MIN

El campeón invisible

from Relatia Podcast · host Relatia.es

Lucas Medina tenía nueve años, el pelo revuelto como un nido de pájaros y una colección de cromos de fútbol que ocupaba tres cajones de su escritorio. Cada noche, antes de dormir, elegía un cromo diferente y lo estudiaba con la atención de un científico examinando una muestra bajo el microscopio. Memorizaba las estadísticas, las posiciones, los goles, las jugadas legendarias. Sabía más de fútbol que cualquier niño de su clase, más incluso que don Roberto, el profesor de educación física que siempre confundía el fuera de juego con el córner. El problema, según el resto del mundo, era que Lucas usaba silla de ruedas. Había nacido con una condición que afectaba a sus piernas, y desde que tenía memoria sus ruedas eran sus piernas. No le molestaba la silla en sí misma. Le molestaba la forma en que los demás miraban la silla antes de mirarlo a él, como si el metal y las ruedas fueran más interesantes que la persona sentada encima. Le molestaba que los otros niños bajaran la voz cuando pasaba cerca, como si usar silla de ruedas significara también tener los oídos delicados. En el recreo, Lucas se situaba junto a la valla del patio y veía jugar a sus compañeros. Conocía el estilo de cada uno: Tomás, que era rápido pero disparaba siempre desviado; Camila, la única chica que jugaba y que tenía el mejor regate de todo el colegio; Nico, el portero, que era enorme para su edad y paraba balones con la barriga más que con las manos. Lucas les daba consejos desde la banda, como un entrenador en miniatura, y a veces los otros niños le hacían caso y a veces no. Pero nunca le invitaban a jugar. No por maldad, sino porque genuinamente no sabían cómo incluirlo, y la incomodidad los hacía mirar hacia otro lado. Su madre, Carmen, era la persona que mejor lo entendía. Ella también había sido deportista de joven, corredora de media distancia, y sabía lo que significaba tener el cuerpo lleno de energía y no encontrar dónde ponerla. Cada tarde, después del colegio, sacaba a Lucas al parque y lo dejaba recorrer los caminos a toda velocidad en su silla, zigzagueando entre los árboles y los bancos como un piloto de carreras en un circuito improvisado. Lucas reía a carcajadas durante esos recorridos, con el viento en la cara y la sensación de que las ruedas eran alas. Pero un día, algo cambió. Estaban en el parque, como siempre, cuando Lucas vio algo al otro lado de la pista de atletismo. Un grupo de niños en sillas de ruedas motorizadas jugaban en una pista vallada con una pelota grande y de colores. Se movían rápido, chocaban entre ellos con estruendo, celebraban los goles con gritos que se oían desde el otro extremo del parque. Lucas se quedó completamente inmóvil, con las manos apretadas en los reposabrazos de su silla, mirando aquella escena como quien ve una puerta abrirse en una pared que siempre había creído sólida. Se acercaron despacio, él y su madre, hasta la valla de la pista. Uno de los niños, una chica de pelo corto y sonrisa enorme, se dio cuenta de que los miraban y se acercó rodando en su silla motorizada. Se llamaba Paula, tenía diez años y llevaba jugando al fútbol en silla motorizada dos años. Le explicó a Lucas, con un entusiasmo contagioso, que el deporte se llamaba Powerchair Football y que se jugaba en todo el mundo. Equipos de cuatro contra cuatro, sillas eléctricas con un protector delantero para golpear el balón, reglas similares al fútbol pero adaptadas. Lucas sintió que algo se encendía en su pecho, una chispa que llevaba nueve años esperando combustible. Cuando Paula le preguntó si quería probar, no dijo que sí con palabras. Dijo que sí con todo el cuerpo.

Lucas Medina tenía nueve años, el pelo revuelto como un nido de pájaros y una colección de cromos de fútbol que ocupaba tres cajones de su escritorio. Cada noche, antes de dormir, elegía un cromo diferente y lo estudiaba con la atención de un científico examinando una muestra bajo el microscopio. Memorizaba las estadísticas, las posiciones, los goles, las jugadas legendarias. Sabía más de fútbol que cualquier niño de su clase, más incluso que don Roberto, el profesor de educación física que siempre confundía el fuera de juego con el córner. El problema, según el resto del mundo, era que Lucas usaba silla de ruedas. Había nacido con una condición que afectaba a sus piernas, y desde que tenía memoria sus ruedas eran sus piernas. No le molestaba la silla en sí misma. Le molestaba la forma en que los demás miraban la silla antes de mirarlo a él, como si el metal y las ruedas fueran más interesantes que la persona sentada encima. Le molestaba que los otros niños bajaran la voz cuando pasaba cerca, como si usar silla de ruedas significara también tener los oídos delicados. En el recreo, Lucas se situaba junto a la valla del patio y veía jugar a sus compañeros. Conocía el estilo de cada uno: Tomás, que era rápido pero disparaba siempre desviado; Camila, la única chica que jugaba y que tenía el mejor regate de todo el colegio; Nico, el portero, que era enorme para su edad y paraba balones con la barriga más que con las manos. Lucas les daba consejos desde la banda, como un entrenador en miniatura, y a veces los otros niños le hacían caso y a veces no. Pero nunca le invitaban a jugar. No por maldad, sino porque genuinamente no sabían cómo incluirlo, y la incomodidad los hacía mirar hacia otro lado. Su madre, Carmen, era la persona que mejor lo entendía. Ella también había sido deportista de joven, corredora de media distancia, y sabía lo que significaba tener el cuerpo lleno de energía y no encontrar dónde ponerla. Cada tarde, después del colegio, sacaba a Lucas al parque y lo dejaba recorrer los caminos a toda velocidad en su silla, zigzagueando entre los árboles y los bancos como un piloto de carreras en un circuito improvisado. Lucas reía a carcajadas durante esos recorridos, con el viento en la cara y la sensación de que las ruedas eran alas. Pero un día, algo cambió. Estaban en el parque, como siempre, cuando Lucas vio algo al otro lado de la pista de atletismo. Un grupo de niños en sillas de ruedas motorizadas jugaban en una pista vallada con una pelota grande y de colores. Se movían rápido, chocaban entre ellos con estruendo, celebraban los goles con gritos que se oían desde el otro extremo del parque. Lucas se quedó completamente inmóvil, con las manos apretadas en los reposabrazos de su silla, mirando aquella escena como quien ve una puerta abrirse en una pared que siempre había creído sólida. Se acercaron despacio, él y su madre, hasta la valla de la pista. Uno de los niños, una chica de pelo corto y sonrisa enorme, se dio cuenta de que los miraban y se acercó rodando en su silla motorizada. Se llamaba Paula, tenía diez años y llevaba jugando al fútbol en silla motorizada dos años. Le explicó a Lucas, con un entusiasmo contagioso, que el deporte se llamaba Powerchair Football y que se jugaba en todo el mundo. Equipos de cuatro contra cuatro, sillas eléctricas con un protector delantero para golpear el balón, reglas similares al fútbol pero adaptadas. Lucas sintió que algo se encendía en su pecho, una chispa que llevaba nueve años esperando combustible. Cuando Paula le preguntó si quería probar, no dijo que sí con palabras. Dijo que sí con todo el cuerpo.

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El campeón invisible

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That Hoarder: Overcome Compulsive Hoarding That Hoarder Hoarding disorder is stigmatised and people who hoard feel vast amounts of shame. This podcast began life as an audio diary, an anonymous outlet for somebody with this weird condition. That Hoarder speaks about her experiences living with compulsive hoarding, she interviews therapists, academics, researchers, children of hoarders, professional organisers and influencers, and she shares insight and tips for others with the problem. Listened to by people who hoard as well as those who love them and those who work with them, Overcome Compulsive Hoarding with That Hoarder aims to shatter the stigma, share the truth and speak openly and honestly to improve lives. The Small Business Startup School – Business Notes | Financial Literacy | Retail Psychology – For Professionals & Entrepreneurs The Small Business Startup School Inc. Starting or buying a small business? While personal circumstances may vary, business patterns remain timeless. On The Small Business Startup School, we explore strategies, insights, and practical solutions to help entrepreneurs confidently navigate their journey.Hosted by Ola Williams—a retail entrepreneur, fintech founder, and financial coach with over two decades of experience—this podcast marries financial awareness and retail psychology with optimism to deliver actionable takeaways.Join us to learn, grow, and connect as we uncover the keys to business success.Let’s continue to learn together and be encouraged to keep on connecting! DIOSA. Carolina Sanper This podcast is a sacred space created by Carolina Sanper where you connect with your inner wisdom and embody your magnetic feminine power.It is the realization that the mystical realm is where you plant the seeds of your desired reality.It is a portal to your true essence: awareness, presence, and receiving with ease. Welcome home, DIOSA. 🖤 XXX Tech by SOVRYN Dr. Brian Sovryn The crossroads between technology, sensuality, and metaphysics - and the longest running anarchist podcast in the world! Brought to you by Dr. Brian Sovryn.

Frequently Asked Questions

How long is this episode of Relatia Podcast?

This episode is 22 minutes long.

When was this Relatia Podcast episode published?

This episode was published on May 20, 2026.

What is this episode about?

Lucas Medina tenía nueve años, el pelo revuelto como un nido de pájaros y una colección de cromos de fútbol que ocupaba tres cajones de su escritorio. Cada noche, antes de dormir, elegía un cromo diferente y lo estudiaba con la atención de un...

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