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EPISODE · May 16, 2026 · 21 MIN

El Caso del Cuadro Desaparecido

from Relatia Podcast · host Relatia.es

Alba Rivas tenía once años, una lupa en el bolsillo izquierdo del abrigo y la costumbre de fijarse en todo. En todo. El arañazo nuevo en la puerta del ascensor, la mancha de café en la corbata del director, el tornillo que faltaba en la tercera silla de la biblioteca. Sus compañeros de clase la llamaban «la detective», mitad en broma, mitad con admiración. Aquel martes por la mañana, Alba llegó al colegio y encontró un revuelo enorme en el patio. Todo el mundo hablaba del robo. — ¡Han robado el Velázquez del museo! — le dijo su amigo Mateo, que siempre se enteraba de todo porque su madre trabajaba en el ayuntamiento —. Anoche, entre las diez y las seis de la mañana. La policía no tiene ni idea de cómo lo han hecho. Alba sintió un cosquilleo familiar en la punta de los dedos. El Museo Municipal era pequeño, pero tenía una joya: un retrato atribuido a Velázquez que representaba a una niña con un perro blanco. Era el orgullo del pueblo. — ¿No tienen cámaras de seguridad? — preguntó. — Sí, pero estaban grabando y no se ve nada raro. El cuadro está en su sitio en la grabación de las diez y a las seis ya no está. Nadie entra ni sale. — Eso es imposible — murmuró Alba. — Pues eso dice la policía — Mateo se encogió de hombros —. Imposible. Alba odiaba esa palabra. Nada era imposible, solo inexplicado. Después de clase, convenció a Mateo para ir al museo. La entrada estaba acordonada con cinta policial, pero Alba conocía la puerta de servicio porque había hecho un trabajo escolar allí el año anterior. Entraron por la parte de atrás y se colaron en la sala de exposiciones sin que nadie los viera. La sala del Velázquez era la más grande del museo. Las paredes estaban pintadas de un rojo oscuro y los cuadros colgaban con marcos dorados. En el centro de la pared principal, donde debía estar el retrato de la niña con el perro, había un rectángulo más claro: la huella de un cuadro que llevaba décadas en el mismo sitio. Alba se acercó y sacó su lupa. — Los clavos siguen aquí — observó —. El cuadro no se ha arrancado de la pared. Alguien lo ha descolgado con cuidado. Mateo miraba nervioso hacia la puerta. — Alba, si nos pillan aquí… — Un minuto más — Alba recorrió el suelo con la mirada. Todo parecía limpio, pero entonces vio algo junto al zócalo: un hilo diminuto, casi invisible, de color dorado —. Mira esto. Recogió el hilo con unas pinzas de su estuche de detective (sí, tenía un estuche de detective) y lo guardó en una bolsita de plástico. — ¿Qué es? — preguntó Mateo. — Todavía no lo sé. Pero no pertenece a esta sala. El suelo se limpia cada noche y esto es reciente. Cuando salían por la puerta de servicio, Alba se detuvo en seco. En la pared del pasillo había un cuadro pequeño que representaba un plano antiguo del museo. Y en ese plano, dibujado con tinta descolorida, se veía algo que en el museo actual no existía: un pasadizo que conectaba la sala del Velázquez con el sótano. — Mateo — dijo Alba muy despacio —. Creo que sé por dónde sacaron el cuadro. Mateo tragó saliva. — ¿Por un pasadizo secreto? Esto cada vez se parece más a una película. — No — Alba sonrió —. Se parece a un caso. Nuestro caso.

Alba Rivas tenía once años, una lupa en el bolsillo izquierdo del abrigo y la costumbre de fijarse en todo. En todo. El arañazo nuevo en la puerta del ascensor, la mancha de café en la corbata del director, el tornillo que faltaba en la tercera silla de la biblioteca. Sus compañeros de clase la llamaban «la detective», mitad en broma, mitad con admiración. Aquel martes por la mañana, Alba llegó al colegio y encontró un revuelo enorme en el patio. Todo el mundo hablaba del robo. — ¡Han robado el Velázquez del museo! — le dijo su amigo Mateo, que siempre se enteraba de todo porque su madre trabajaba en el ayuntamiento —. Anoche, entre las diez y las seis de la mañana. La policía no tiene ni idea de cómo lo han hecho. Alba sintió un cosquilleo familiar en la punta de los dedos. El Museo Municipal era pequeño, pero tenía una joya: un retrato atribuido a Velázquez que representaba a una niña con un perro blanco. Era el orgullo del pueblo. — ¿No tienen cámaras de seguridad? — preguntó. — Sí, pero estaban grabando y no se ve nada raro. El cuadro está en su sitio en la grabación de las diez y a las seis ya no está. Nadie entra ni sale. — Eso es imposible — murmuró Alba. — Pues eso dice la policía — Mateo se encogió de hombros —. Imposible. Alba odiaba esa palabra. Nada era imposible, solo inexplicado. Después de clase, convenció a Mateo para ir al museo. La entrada estaba acordonada con cinta policial, pero Alba conocía la puerta de servicio porque había hecho un trabajo escolar allí el año anterior. Entraron por la parte de atrás y se colaron en la sala de exposiciones sin que nadie los viera. La sala del Velázquez era la más grande del museo. Las paredes estaban pintadas de un rojo oscuro y los cuadros colgaban con marcos dorados. En el centro de la pared principal, donde debía estar el retrato de la niña con el perro, había un rectángulo más claro: la huella de un cuadro que llevaba décadas en el mismo sitio. Alba se acercó y sacó su lupa. — Los clavos siguen aquí — observó —. El cuadro no se ha arrancado de la pared. Alguien lo ha descolgado con cuidado. Mateo miraba nervioso hacia la puerta. — Alba, si nos pillan aquí… — Un minuto más — Alba recorrió el suelo con la mirada. Todo parecía limpio, pero entonces vio algo junto al zócalo: un hilo diminuto, casi invisible, de color dorado —. Mira esto. Recogió el hilo con unas pinzas de su estuche de detective (sí, tenía un estuche de detective) y lo guardó en una bolsita de plástico. — ¿Qué es? — preguntó Mateo. — Todavía no lo sé. Pero no pertenece a esta sala. El suelo se limpia cada noche y esto es reciente. Cuando salían por la puerta de servicio, Alba se detuvo en seco. En la pared del pasillo había un cuadro pequeño que representaba un plano antiguo del museo. Y en ese plano, dibujado con tinta descolorida, se veía algo que en el museo actual no existía: un pasadizo que conectaba la sala del Velázquez con el sótano. — Mateo — dijo Alba muy despacio —. Creo que sé por dónde sacaron el cuadro. Mateo tragó saliva. — ¿Por un pasadizo secreto? Esto cada vez se parece más a una película. — No — Alba sonrió —. Se parece a un caso. Nuestro caso.

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El Caso del Cuadro Desaparecido

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That Hoarder: Overcome Compulsive Hoarding That Hoarder Hoarding disorder is stigmatised and people who hoard feel vast amounts of shame. This podcast began life as an audio diary, an anonymous outlet for somebody with this weird condition. That Hoarder speaks about her experiences living with compulsive hoarding, she interviews therapists, academics, researchers, children of hoarders, professional organisers and influencers, and she shares insight and tips for others with the problem. Listened to by people who hoard as well as those who love them and those who work with them, Overcome Compulsive Hoarding with That Hoarder aims to shatter the stigma, share the truth and speak openly and honestly to improve lives. The Small Business Startup School – Business Notes | Financial Literacy | Retail Psychology – For Professionals & Entrepreneurs The Small Business Startup School Inc. Starting or buying a small business? While personal circumstances may vary, business patterns remain timeless. On The Small Business Startup School, we explore strategies, insights, and practical solutions to help entrepreneurs confidently navigate their journey.Hosted by Ola Williams—a retail entrepreneur, fintech founder, and financial coach with over two decades of experience—this podcast marries financial awareness and retail psychology with optimism to deliver actionable takeaways.Join us to learn, grow, and connect as we uncover the keys to business success.Let’s continue to learn together and be encouraged to keep on connecting! DIOSA. Carolina Sanper This podcast is a sacred space created by Carolina Sanper where you connect with your inner wisdom and embody your magnetic feminine power.It is the realization that the mystical realm is where you plant the seeds of your desired reality.It is a portal to your true essence: awareness, presence, and receiving with ease. Welcome home, DIOSA. 🖤 XXX Tech by SOVRYN Dr. Brian Sovryn The crossroads between technology, sensuality, and metaphysics - and the longest running anarchist podcast in the world! Brought to you by Dr. Brian Sovryn.

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How long is this episode of Relatia Podcast?

This episode is 21 minutes long.

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This episode was published on May 16, 2026.

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Alba Rivas tenía once años, una lupa en el bolsillo izquierdo del abrigo y la costumbre de fijarse en todo. En todo. El arañazo nuevo en la puerta del ascensor, la mancha de café en la corbata del director, el tornillo que faltaba en la tercera...

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