El jardín donde crecían sentimientos episode artwork

EPISODE · Jun 9, 2026 · 26 MIN

El jardín donde crecían sentimientos

from Relatia Podcast · host Relatia.es

Leo tenía seis años y medio, y ese verano iba a pasar las vacaciones en casa de su abuela Lucía, en un pueblo pequeño rodeado de montañas. A Leo no le hacía mucha gracia. Él quería quedarse en la ciudad con sus amigos, jugar en el parque de siempre y comer helados en la heladería de la esquina. -Vas a pasártelo muy bien -le dijo su madre mientras le preparaba la maleta-. La abuela tiene un jardín enorme. Y tu prima Valentina también estará allí. -Valentina habla demasiado -protestó Leo. -Valentina es divertida -corrigió su madre con una sonrisa. Leo llegó a casa de la abuela un viernes por la tarde. La casa era vieja, con las paredes blancas y las ventanas azules. Olía a pan recién hecho y a flores silvestres. La abuela Lucía lo recibió con un abrazo enorme y un vaso de limonada. -Bienvenido, Leo. Esta casa estaba esperándote. -Hola, abuela -dijo Leo, intentando sonreír aunque por dentro estaba un poco triste por estar lejos de casa. La prima Valentina llegó al día siguiente. Tenía siete años, el pelo corto con una diadema amarilla y una energía que parecía funcionar a pilas. Hablaba sin parar, saltaba, corría y hacía preguntas sobre todo. -¡Leo! ¿Quieres explorar el jardín? ¡La abuela dice que hay partes que no ha visitado en años! ¿Te gustan los insectos? ¡A mí me encantan las mariquitas! ¿Has visto alguna vez una mariquita de cerca? ¡Son como botones rojos con puntitos! Leo suspiró. Iba a ser un verano largo. Pero esa tarde, mientras Valentina perseguía mariposas por el jardín y la abuela descansaba la siesta, Leo decidió explorar por su cuenta. Caminó por detrás de la casa, donde los arbustos eran más altos y más salvajes. El jardín de la abuela era enorme, mucho más grande de lo que parecía desde fuera. Entre dos arbustos de hiedra enormes, Leo vio algo raro: una puerta de madera pequeña, medio escondida entre las hojas. Era vieja y estaba pintada de verde, con una cerradura en forma de corazón. Leo empujó la puerta. Estaba abierta. Al otro lado había un jardín que no se parecía a nada que Leo hubiera visto. Las flores no eran normales. Había flores de colores que no existían: azul eléctrico, rosa brillante, morado que parecía brillar en la oscuridad. Algunas plantas eran altísimas, con hojas que se movían solas aunque no hubiera viento. Otras eran diminutas, apenas un brote verde que asomaba de la tierra. Pero lo más extraño era lo que sentía Leo al entrar. El aire estaba lleno de emociones. No eran suyas. Era como si el propio jardín sintiera cosas. Junto a unas flores amarillas enormes, Leo sintió una alegría tan grande que se echó a reír sin motivo. Al pasar junto a un arbusto de flores azules, sintió una tristeza suave, como cuando echas de menos a alguien. Y cerca de unas flores rojas que temblaban, notó un enfado caliente que le hizo fruncir el ceño. -¿Qué es este sitio? -susurró Leo. -Es el Jardín de los Sentimientos -dijo una voz diminuta. Leo miró a su alrededor. No veía a nadie. -Aquí abajo -dijo la voz. En la hoja de una planta, a la altura de sus rodillas, había una mariquita. Era roja con siete puntos negros y lo miraba fijamente con unos ojos brillantes como cuentas de cristal. -¿Tú… hablas? -preguntó Leo. -Aquí dentro, sí. El jardín permite que todos nos entendamos. Soy Rubi, la cuidadora del jardín. Y tú debes de ser uno de los nietos de Lucía. Ella me dijo que vendrías. -¿Mi abuela sabe que este jardín existe? -¿Quién crees que lo plantó? -respondió Rubi con una risita que sonaba como campanitas. Leo miró el jardín con ojos nuevos. Su abuela había plantado todo aquello. Las flores de emociones, las plantas que se movían solas, todo. -Cada planta crece a partir de un sentimiento -explicó Rubi, volando hasta su hombro-.

Leo tenía seis años y medio, y ese verano iba a pasar las vacaciones en casa de su abuela Lucía, en un pueblo pequeño rodeado de montañas. A Leo no le hacía mucha gracia. Él quería quedarse en la ciudad con sus amigos, jugar en el parque de siempre y comer helados en la heladería de la esquina. -Vas a pasártelo muy bien -le dijo su madre mientras le preparaba la maleta-. La abuela tiene un jardín enorme. Y tu prima Valentina también estará allí. -Valentina habla demasiado -protestó Leo. -Valentina es divertida -corrigió su madre con una sonrisa. Leo llegó a casa de la abuela un viernes por la tarde. La casa era vieja, con las paredes blancas y las ventanas azules. Olía a pan recién hecho y a flores silvestres. La abuela Lucía lo recibió con un abrazo enorme y un vaso de limonada. -Bienvenido, Leo. Esta casa estaba esperándote. -Hola, abuela -dijo Leo, intentando sonreír aunque por dentro estaba un poco triste por estar lejos de casa. La prima Valentina llegó al día siguiente. Tenía siete años, el pelo corto con una diadema amarilla y una energía que parecía funcionar a pilas. Hablaba sin parar, saltaba, corría y hacía preguntas sobre todo. -¡Leo! ¿Quieres explorar el jardín? ¡La abuela dice que hay partes que no ha visitado en años! ¿Te gustan los insectos? ¡A mí me encantan las mariquitas! ¿Has visto alguna vez una mariquita de cerca? ¡Son como botones rojos con puntitos! Leo suspiró. Iba a ser un verano largo. Pero esa tarde, mientras Valentina perseguía mariposas por el jardín y la abuela descansaba la siesta, Leo decidió explorar por su cuenta. Caminó por detrás de la casa, donde los arbustos eran más altos y más salvajes. El jardín de la abuela era enorme, mucho más grande de lo que parecía desde fuera. Entre dos arbustos de hiedra enormes, Leo vio algo raro: una puerta de madera pequeña, medio escondida entre las hojas. Era vieja y estaba pintada de verde, con una cerradura en forma de corazón. Leo empujó la puerta. Estaba abierta. Al otro lado había un jardín que no se parecía a nada que Leo hubiera visto. Las flores no eran normales. Había flores de colores que no existían: azul eléctrico, rosa brillante, morado que parecía brillar en la oscuridad. Algunas plantas eran altísimas, con hojas que se movían solas aunque no hubiera viento. Otras eran diminutas, apenas un brote verde que asomaba de la tierra. Pero lo más extraño era lo que sentía Leo al entrar. El aire estaba lleno de emociones. No eran suyas. Era como si el propio jardín sintiera cosas. Junto a unas flores amarillas enormes, Leo sintió una alegría tan grande que se echó a reír sin motivo. Al pasar junto a un arbusto de flores azules, sintió una tristeza suave, como cuando echas de menos a alguien. Y cerca de unas flores rojas que temblaban, notó un enfado caliente que le hizo fruncir el ceño. -¿Qué es este sitio? -susurró Leo. -Es el Jardín de los Sentimientos -dijo una voz diminuta. Leo miró a su alrededor. No veía a nadie. -Aquí abajo -dijo la voz. En la hoja de una planta, a la altura de sus rodillas, había una mariquita. Era roja con siete puntos negros y lo miraba fijamente con unos ojos brillantes como cuentas de cristal. -¿Tú… hablas? -preguntó Leo. -Aquí dentro, sí. El jardín permite que todos nos entendamos. Soy Rubi, la cuidadora del jardín. Y tú debes de ser uno de los nietos de Lucía. Ella me dijo que vendrías. -¿Mi abuela sabe que este jardín existe? -¿Quién crees que lo plantó? -respondió Rubi con una risita que sonaba como campanitas. Leo miró el jardín con ojos nuevos. Su abuela había plantado todo aquello. Las flores de emociones, las plantas que se movían solas, todo. -Cada planta crece a partir de un sentimiento -explicó Rubi, volando hasta su hombro-.

NOW PLAYING

El jardín donde crecían sentimientos

0:00 26:14

No transcript for this episode yet

We transcribe on demand. Request one and we'll notify you when it's ready — usually under 10 minutes.

That Hoarder: Overcome Compulsive Hoarding That Hoarder Hoarding disorder is stigmatised and people who hoard feel vast amounts of shame. This podcast began life as an audio diary, an anonymous outlet for somebody with this weird condition. That Hoarder speaks about her experiences living with compulsive hoarding, she interviews therapists, academics, researchers, children of hoarders, professional organisers and influencers, and she shares insight and tips for others with the problem. Listened to by people who hoard as well as those who love them and those who work with them, Overcome Compulsive Hoarding with That Hoarder aims to shatter the stigma, share the truth and speak openly and honestly to improve lives. The Small Business Startup School – Business Notes | Financial Literacy | Retail Psychology – For Professionals & Entrepreneurs The Small Business Startup School Inc. Starting or buying a small business? While personal circumstances may vary, business patterns remain timeless. On The Small Business Startup School, we explore strategies, insights, and practical solutions to help entrepreneurs confidently navigate their journey.Hosted by Ola Williams—a retail entrepreneur, fintech founder, and financial coach with over two decades of experience—this podcast marries financial awareness and retail psychology with optimism to deliver actionable takeaways.Join us to learn, grow, and connect as we uncover the keys to business success.Let’s continue to learn together and be encouraged to keep on connecting! DIOSA. Carolina Sanper This podcast is a sacred space created by Carolina Sanper where you connect with your inner wisdom and embody your magnetic feminine power.It is the realization that the mystical realm is where you plant the seeds of your desired reality.It is a portal to your true essence: awareness, presence, and receiving with ease. Welcome home, DIOSA. 🖤 XXX Tech by SOVRYN Dr. Brian Sovryn The crossroads between technology, sensuality, and metaphysics - and the longest running anarchist podcast in the world! Brought to you by Dr. Brian Sovryn.

Frequently Asked Questions

How long is this episode of Relatia Podcast?

This episode is 26 minutes long.

When was this Relatia Podcast episode published?

This episode was published on June 9, 2026.

What is this episode about?

Leo tenía seis años y medio, y ese verano iba a pasar las vacaciones en casa de su abuela Lucía, en un pueblo pequeño rodeado de montañas. A Leo no le hacía mucha gracia. Él quería quedarse en la ciudad con sus amigos, jugar en el parque de siempre...

Can I download this Relatia Podcast episode?

Yes, you can download this episode by clicking the download button on the episode player, or subscribe to the podcast in your preferred podcast app for automatic downloads.
URL copied to clipboard!