El laboratorio de los inventos imposibles episode artwork

EPISODE · May 30, 2026 · 25 MIN

El laboratorio de los inventos imposibles

from Relatia Podcast · host Relatia.es

Lucía siempre había sido la niña más curiosa del colegio Girasol. Mientras los demás jugaban al pilla-pilla en el recreo, ella prefería desarmar los bolígrafos para ver cómo funcionaban por dentro, o meter la nariz en cada rincón del edificio buscando algo interesante. Su mochila estaba llena de destornilladores pequeñitos, trozos de cable y una libreta donde dibujaba planos de máquinas que se le ocurrían por las noches. Pablo, su mejor amigo, era todo lo contrario. Le gustaba pensar mucho antes de hacer cualquier cosa. Cuando Lucía decía «¡vamos a explorar!», Pablo siempre respondía «pero primero, ¿hemos pensado en los riesgos?». Llevaba gafas redondas que se le resbalaban por la nariz cuando se ponía nervioso, y tenía la costumbre de subírselas con el dedo mientras enumeraba todas las cosas que podían salir mal. Aquel martes de noviembre, Lucía notó algo extraño. Junto a la puerta del almacén del conserje, donde guardaban las fregonas y los cubos, había otra puerta más pequeña que nunca había visto. Estaba medio escondida detrás de una estantería llena de botes de pintura. La puerta era de metal, tenía un color verde descolorido y una cerradura con forma de estrella. —Pablo, mira esto —susurró Lucía tirándole de la manga—. Esta puerta no estaba aquí ayer. —Claro que estaba —dijo Pablo subiéndose las gafas—. Las puertas no aparecen de la nada. Simplemente no te habías fijado. —Yo me fijo en todo —respondió Lucía con los ojos brillantes—. Y te digo que esta puerta es nueva. O vieja. Pero nueva para nosotros. Lucía sacó de su mochila un clip doblado con forma de gancho y lo metió en la cerradura de estrella. Pablo protestó, diciendo que aquello no estaba bien, que debían avisar a un profesor, que seguramente era solo un cuarto de la calefacción. Pero antes de que terminara su lista de objeciones, la cerradura hizo «clic» y la puerta se abrió con un chirrido largo y profundo. Unas escaleras de piedra bajaban hacia la oscuridad. Olía a metal caliente, a aceite de motor y a algo dulce, como algodón de azúcar quemado. Lucía encendió la linterna de su llavero y empezó a bajar. Pablo tragó saliva, se subió las gafas y la siguió, porque aunque era prudente, también era muy buen amigo. Al final de las escaleras encontraron una sala enorme, mucho más grande de lo que cabría debajo de un colegio. Había mesas llenas de piezas metálicas, frascos con líquidos de colores, pantallas apagadas y herramientas que Lucía jamás había visto. Y en medio de todo aquel desorden, sobre una mesa cubierta de polvo, había algo que se movía. Era pequeño, del tamaño de una caja de zapatos. Tenía un cuerpo hecho con una lata de conservas, brazos hechos con cucharas y dos ojos que eran botones de camisa. Parpadeó —o al menos eso pareció— y emitió un pitido suave. —Bi-bi-bienvenidos al La-la-laboratorio de Inventos Im-im-imposibles —dijo con una voz metálica y temblorosa—. Soy Chip. Llevo esperando mucho ti-ti-tiempo. Lucía se agachó para mirarlo de cerca, con la sonrisa más grande del mundo. Pablo, detrás de ella, se subió las gafas tres veces seguidas.

Lucía siempre había sido la niña más curiosa del colegio Girasol. Mientras los demás jugaban al pilla-pilla en el recreo, ella prefería desarmar los bolígrafos para ver cómo funcionaban por dentro, o meter la nariz en cada rincón del edificio buscando algo interesante. Su mochila estaba llena de destornilladores pequeñitos, trozos de cable y una libreta donde dibujaba planos de máquinas que se le ocurrían por las noches. Pablo, su mejor amigo, era todo lo contrario. Le gustaba pensar mucho antes de hacer cualquier cosa. Cuando Lucía decía «¡vamos a explorar!», Pablo siempre respondía «pero primero, ¿hemos pensado en los riesgos?». Llevaba gafas redondas que se le resbalaban por la nariz cuando se ponía nervioso, y tenía la costumbre de subírselas con el dedo mientras enumeraba todas las cosas que podían salir mal. Aquel martes de noviembre, Lucía notó algo extraño. Junto a la puerta del almacén del conserje, donde guardaban las fregonas y los cubos, había otra puerta más pequeña que nunca había visto. Estaba medio escondida detrás de una estantería llena de botes de pintura. La puerta era de metal, tenía un color verde descolorido y una cerradura con forma de estrella. —Pablo, mira esto —susurró Lucía tirándole de la manga—. Esta puerta no estaba aquí ayer. —Claro que estaba —dijo Pablo subiéndose las gafas—. Las puertas no aparecen de la nada. Simplemente no te habías fijado. —Yo me fijo en todo —respondió Lucía con los ojos brillantes—. Y te digo que esta puerta es nueva. O vieja. Pero nueva para nosotros. Lucía sacó de su mochila un clip doblado con forma de gancho y lo metió en la cerradura de estrella. Pablo protestó, diciendo que aquello no estaba bien, que debían avisar a un profesor, que seguramente era solo un cuarto de la calefacción. Pero antes de que terminara su lista de objeciones, la cerradura hizo «clic» y la puerta se abrió con un chirrido largo y profundo. Unas escaleras de piedra bajaban hacia la oscuridad. Olía a metal caliente, a aceite de motor y a algo dulce, como algodón de azúcar quemado. Lucía encendió la linterna de su llavero y empezó a bajar. Pablo tragó saliva, se subió las gafas y la siguió, porque aunque era prudente, también era muy buen amigo. Al final de las escaleras encontraron una sala enorme, mucho más grande de lo que cabría debajo de un colegio. Había mesas llenas de piezas metálicas, frascos con líquidos de colores, pantallas apagadas y herramientas que Lucía jamás había visto. Y en medio de todo aquel desorden, sobre una mesa cubierta de polvo, había algo que se movía. Era pequeño, del tamaño de una caja de zapatos. Tenía un cuerpo hecho con una lata de conservas, brazos hechos con cucharas y dos ojos que eran botones de camisa. Parpadeó —o al menos eso pareció— y emitió un pitido suave. —Bi-bi-bienvenidos al La-la-laboratorio de Inventos Im-im-imposibles —dijo con una voz metálica y temblorosa—. Soy Chip. Llevo esperando mucho ti-ti-tiempo. Lucía se agachó para mirarlo de cerca, con la sonrisa más grande del mundo. Pablo, detrás de ella, se subió las gafas tres veces seguidas.

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El laboratorio de los inventos imposibles

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That Hoarder: Overcome Compulsive Hoarding That Hoarder Hoarding disorder is stigmatised and people who hoard feel vast amounts of shame. This podcast began life as an audio diary, an anonymous outlet for somebody with this weird condition. That Hoarder speaks about her experiences living with compulsive hoarding, she interviews therapists, academics, researchers, children of hoarders, professional organisers and influencers, and she shares insight and tips for others with the problem. Listened to by people who hoard as well as those who love them and those who work with them, Overcome Compulsive Hoarding with That Hoarder aims to shatter the stigma, share the truth and speak openly and honestly to improve lives. The Small Business Startup School – Business Notes | Financial Literacy | Retail Psychology – For Professionals & Entrepreneurs The Small Business Startup School Inc. Starting or buying a small business? While personal circumstances may vary, business patterns remain timeless. On The Small Business Startup School, we explore strategies, insights, and practical solutions to help entrepreneurs confidently navigate their journey.Hosted by Ola Williams—a retail entrepreneur, fintech founder, and financial coach with over two decades of experience—this podcast marries financial awareness and retail psychology with optimism to deliver actionable takeaways.Join us to learn, grow, and connect as we uncover the keys to business success.Let’s continue to learn together and be encouraged to keep on connecting! DIOSA. Carolina Sanper This podcast is a sacred space created by Carolina Sanper where you connect with your inner wisdom and embody your magnetic feminine power.It is the realization that the mystical realm is where you plant the seeds of your desired reality.It is a portal to your true essence: awareness, presence, and receiving with ease. Welcome home, DIOSA. 🖤 XXX Tech by SOVRYN Dr. Brian Sovryn The crossroads between technology, sensuality, and metaphysics - and the longest running anarchist podcast in the world! Brought to you by Dr. Brian Sovryn.

Frequently Asked Questions

How long is this episode of Relatia Podcast?

This episode is 25 minutes long.

When was this Relatia Podcast episode published?

This episode was published on May 30, 2026.

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Lucía siempre había sido la niña más curiosa del colegio Girasol. Mientras los demás jugaban al pilla-pilla en el recreo, ella prefería desarmar los bolígrafos para ver cómo funcionaban por dentro, o meter la nariz en cada rincón del edificio...

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