EPISODE · Jun 21, 2026 · 9 MIN
Evangélio Diario 21 de Junio Mons Enrique Diaz Diaz
from El podcast de #DeDosEnDos · host DeDosEnDos Comunidad Digital De Evangelizacion
El Señor está a mi lado XII Domingo Ordinario Jeremías 20, 10-13: “El Señor ha salvado la vida de su pobre de la mano de los malvados” Salmo 68: “Escúchame, Señor, porque eres bueno” Romanos 5, 12-15: “El don de Dios supera con mucho el delito” San Mateo 10, 26-33: “No tengan miedo a los que matan el cuerpo” Es una pregunta que con frecuencia me hacen: “¿Por qué sigue caminando entre las comunidades sin ninguna protección cuando hay tanto peligro? ¿No le da miedo?”. Y yo les respondo con las palabras de Jeremías: “El Señor está a mi lado”. ¿Por qué vivimos con tanta inseguridad? ¿Por qué nos paraliza el miedo? El buen discípulo de Jesús se lanza a la aventura y se arriesga al llevar el Evangelio. El temor y la inseguridad son el pan de cada día y una de las mayores preocupaciones de nuestro tiempo. No podemos abandonar la casa, no podemos caminar con seguridad, no podemos ni siquiera confiar en los más cercanos. De todos se duda, la desconfianza ha ganado un espacio en nuestro corazón. Por eso me llama mucho la atención la insistencia del Evangelio de este día: “No tengan miedo”. Lo dice Jesús a sus apóstoles, que realmente corrían graves peligros, mientras les da las instrucciones cuando los envía a la misión. Quiere misioneros valientes, audaces y comprometidos. Los exhorta a no dejarse vencer por el desánimo, el temor o las críticas de los hombres. Incluso se entiende como una advertencia a no temer a los grupos armados y a las fuerzas que de una y otra parte surgían: de Roma para mantener subyugados a los pueblos tributarios, y de las innumerables rebeliones que buscaban atacar y dañar a Roma. Y, en medio de los conflictos, los mensajeros del Evangelio. ¿Cómo no tener miedo? Sólo con la fuerza del Señor. Jeremías fue un profeta que sufrió persecuciones, que se sintió abandonado, a quien que todos atacaban por su mensaje. Son célebres sus reclamos al Señor que lo seduce para proclamar su mensaje. Sin embargo, en el pasaje que hoy leemos se encuentran palabras de esperanza y seguridad en la fuerza del Señor a pesar de los cuchicheos y de las amenazas. Su confianza está en el Señor: “El Señor, guerrero poderoso, está a mi lado”. La invitación a no tener miedo la repite Jesús varias veces porque sabe de los problemas y dificultades tanto de aquellos tiempos como de la actualidad. Sus enseñanzas pretenden infundir fortaleza y valor ante el rechazo o la persecución. Cada vez que invita a no temer, se mencionan los motivos por los cuales los testigos del Evangelio no deben tener miedo. Así, cada una de las expresiones, “No tengan miedo”, va seguida de una nueva razón. En primer lugar, el Evangelio posee una fuerza imparable y el mensaje que Jesús ha encargado terminará por hacerse público. En segundo lugar, se sitúa a los discípulos ante el juicio final para hacerles comprender que los chismes, las habladurías y los juicios de los hombres no son definitivos, sino solamente el juicio de Dios. No dependen de la estima que tengan los hombres por ellos, sino de su real fidelidad al amor y a la Palabra de Dios. Por último, se establece la mayor seguridad: estamos en manos Dios, padre providente, cuya solicitud .
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El Señor está a mi lado XII Domingo Ordinario Jeremías 20, 10-13: “El Señor ha salvado la vida de su pobre de la mano de los malvados” Salmo 68: “Escúchame, Señor, porque eres bueno” Romanos 5, 12-15: “El don de Dios supera con mucho el delito” San Mateo 10, 26-33: “No tengan miedo a los que matan el cuerpo” Es una pregunta que con frecuencia me hacen: “¿Por qué sigue caminando entre las comunidades sin ninguna protección cuando hay tanto peligro? ¿No le da miedo?”. Y yo les respondo con las palabras de Jeremías: “El Señor está a mi lado”. ¿Por qué vivimos con tanta inseguridad? ¿Por qué nos paraliza el miedo? El buen discípulo de Jesús se lanza a la aventura y se arriesga al llevar el Evangelio. El temor y la inseguridad son el pan de cada día y una de las mayores preocupaciones de nuestro tiempo. No podemos abandonar la casa, no podemos caminar con seguridad, no podemos ni siquiera confiar en los más cercanos. De todos se duda, la desconfianza ha ganado un espacio en nuestro corazón. Por eso me llama mucho la atención la insistencia del Evangelio de este día: “No tengan miedo”. Lo dice Jesús a sus apóstoles, que realmente corrían graves peligros, mientras les da las instrucciones cuando los envía a la misión. Quiere misioneros valientes, audaces y comprometidos. Los exhorta a no dejarse vencer por el desánimo, el temor o las críticas de los hombres. Incluso se entiende como una advertencia a no temer a los grupos armados y a las fuerzas que de una y otra parte surgían: de Roma para mantener subyugados a los pueblos tributarios, y de las innumerables rebeliones que buscaban atacar y dañar a Roma. Y, en medio de los conflictos, los mensajeros del Evangelio. ¿Cómo no tener miedo? Sólo con la fuerza del Señor. Jeremías fue un profeta que sufrió persecuciones, que se sintió abandonado, a quien que todos atacaban por su mensaje. Son célebres sus reclamos al Señor que lo seduce para proclamar su mensaje. Sin embargo, en el pasaje que hoy leemos se encuentran palabras de esperanza y seguridad en la fuerza del Señor a pesar de los cuchicheos y de las amenazas. Su confianza está en el Señor: “El Señor, guerrero poderoso, está a mi lado”. La invitación a no tener miedo la repite Jesús varias veces porque sabe de los problemas y dificultades tanto de aquellos tiempos como de la actualidad. Sus enseñanzas pretenden infundir fortaleza y valor ante el rechazo o la persecución. Cada vez que invita a no temer, se mencionan los motivos por los cuales los testigos del Evangelio no deben tener miedo. Así, cada una de las expresiones, “No tengan miedo”, va seguida de una nueva razón. En primer lugar, el Evangelio posee una fuerza imparable y el mensaje que Jesús ha encargado terminará por hacerse público. En segundo lugar, se sitúa a los discípulos ante el juicio final para hacerles comprender que los chismes, las habladurías y los juicios de los hombres no son definitivos, sino solamente el juicio de Dios. No dependen de la estima que tengan los hombres por ellos, sino de su real fidelidad al amor y a la Palabra de Dios. Por último, se establece la mayor seguridad: estamos en manos Dios, padre providente, cuya solicitud .
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Evangélio Diario 21 de Junio Mons Enrique Diaz Diaz
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