EPISODE · Jan 16, 2019 · 22 MIN
La República. Vida de Platón
from Platón
Platón. Diálogos de madurez (385-371) VIDA DE PLATÓN. Platón nació en Colyto, aldea de Atenas, dia siete del mes Targelion, que corresponde al diez y siete de Mayo, año tercero de la Olympiada ochenta y siete, ántes de Jesu-Christo 430, quando cumplia Sócrates los treinta y nueve de su edad. Tuvo por padres á Aristón y Perictiona, descendientes de las ilustres familias de Codro y de Solón, y le pusiéron por nombre Aristocles, que habia sido el de su abuelo. Platón empezó á llamarle su maestro de gymnasio, por ser ancho de espaldas, y este nombre conservó toda la vida. Entre las relaciones fabulosas que se cuentan de este filósofo una merece particular atencion, por ser como anuncio de su gloria. Dícese que Sócrates vió en sueños, que un pollo de cisne volando desde el altar consagrado al Amor, que estaba en la académia, habia ido á ocultarse en su seno, y que despues levantandose de allí dirigió su vuelo ácia el cielo, recreando con su canto á los hombres y á los Dioses. Añaden que pasados algunos años, quando Aristón le presentó su hijo, habia exclamado Sócrates: Ved aquí el cisne que ví salir del altar para reposar en mi seno. Apreciada esta historia por su justo valor, es decir, como inventada expresamente por algun autor ingenioso, para dar una idea grande de un génio superior; se debe considerar que Platón correspondió en todas sus partes al sentido figurado de este emblema. Empezó á estudiar baxo la direccion del gramático Dionisio, y á exercitarse en la palestra con Aristón de Argos, en la que aprovechó tanto, que dicen algunos que luchó en los juegos Pytios. Aprendió la música con Dracon ateniense, y con Metelo de Agrigento, y se dedicó con particular aficion á la pintura y á la poesía, llegando á componer muchos poemas ditirámbicos y épicos, y una perfecta tetralogia de tragedias que quemó á los veinte años, despues de haber oido á Sócrates. Estrechóse enteramente con este filósofo, y como su natural era inclinado á la virtud, se aprovechó tan bien de los discursos de este gran hombre, que á los veinte y cinco años de su edad dió muestras de una sabiduría extraordinaria, y de que era capáz ya entónces de gobernar un Estado. Los lacedemonios en aquel tiempo se apoderaron de Aténas, y Lisando su General estableció en ella el gobierno de los treinta, que bien pronto usurparon la autoridad tiránica, y fuéron conocidos despues por los treinta tiranos. Desde entónces dió Platón señales nada equívocas de tener una alma libre, incapáz de baxarse á hacer la corte á un tirano. Lisandro, á cuyo poder todo se rendia, y que por sus crueldades se habia hecho temible, estaba rodeado de poetas que lisongeaban su vanidad y celebraban su gloria. Entre otros Antimaco y Nicerato se empeñaron en hacerle versos á porfia, y tomandole á él mismo por árbitro para que juzgase su mérito, aplicó el premio á Nicerato: Antimaco despechado de esta afrenta recogió su poema, y Platón que le estimaba por su bella poesía, sin temer el resentimiento de Lisando, le consoló diciendo, que mas digno de lástima era el Juez que no él, porque la ignorancia es un mal mayor respecto del alma, que lo es la ceguera respecto del cuerpo. Siendo ya entónces muy conocido el mérito de Platón, hiciéron quanto pudiéron los ministros de la tiranía para ganarle y obligarle á tomar parte en su gobierno. Nada se le proponia que no fuese muy conforme á su edad y á sus máximas, y toda su ambicion se dirigia á que las luces que habia adquirido fuesen útiles á su pátria, esperanzado en las promesas de estos treinta tiranos, que al fin los determinaria á dexar sus modales tiránicos, y á gobernar la ciudad con la sabiduría y moderacion de buenos Magistrados. Ocupado dia y noche de estos pensamientos, y buscando los medios mas propios de salir con su designio, observaba con cuidado todos sus pasos; pero conoció desde luego que el mal iba en peor, y que el espíritu de tiranía estaba tan arraigado, que era imposible destruirle. Afligido de esta calamidad que Dios solo podia remediar, y en la qual teniendo parte en los negocios, era preciso ó ser cómplice de sus crímenes, ó víctima de su furor, reprimió todos sus deseos con la esperanza de tiempos mas favorables. Quiso la fortuna favorecer sus buenas intenciones, pues á poco fuéron arrojados los treinta tiranos, y se restableció la antigua forma de gobierno.
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