La tortuga que pintaba arcoíris episode artwork

EPISODE · Mar 11, 2026 · 19 MIN

La tortuga que pintaba arcoíris

from Relatia Podcast · host Relatia.es

En el estanque de los Juncos Dorados vivían muchas tortugas. Había tortugas grandes con caparazones oscuros como el chocolate, tortugas medianas con caparazones verdes como la hierba, y tortugas pequeñas con caparazones marrones como la tierra mojada. Todas eran parecidas. Todas menos una. Iris era una tortuga pequeña que tenía un problema, o al menos eso pensaban los demás: su caparazón estaba lleno de manchas de colores. Manchas rojas, azules, amarillas, naranjas y violetas. Como si alguien hubiera derramado un cubo de pintura sobre ella. La verdad era que Iris pintaba. Cada mañana, cuando el sol salía y el rocío todavía brillaba en las hojas, Iris sacaba sus pinceles diminutos (que ella misma fabricaba con ramitas y plumas de pájaro) y sus pinturas (que preparaba machacando flores y bayas) y pintaba sobre piedras, sobre hojas y, a veces, sobre su propio caparazón. —Iris, ¿otra vez pintando? —le decía don Galápago, la tortuga más vieja del estanque—. Las tortugas no pintan. Las tortugas nadan, toman el sol y se esconden en su caparazón. Eso es lo que hacemos. —Pero a mí me gusta pintar —respondía Iris—. Cuando pinto, siento que el mundo tiene más colores. —El mundo ya tiene suficientes colores —gruñía don Galápago—. Lo que necesita es más tortugas sensatas. Las otras tortugas jóvenes también se burlaban de Iris. Bruno, una tortuga grandota y algo bruta, siempre le decía: —¡Mira, ahí viene la tortuga payaso! ¿Hoy de qué color tienes la nariz? Y todas las tortugas se reían. Bueno, todas menos Lina, una tortuga tímida que observaba los dibujos de Iris en silencio y que, de vez en cuando, se acercaba a mirar. —¿Eso es un pájaro? —le preguntó Lina un día, señalando un dibujo que Iris había pintado sobre una piedra plana. —Es un pájaro volando hacia el arcoíris —respondió Iris con una sonrisa enorme—. ¿Te gusta? Lina dudó. Miró a su alrededor para comprobar que nadie la observaba. —Me encanta —susurró—. Me gustaría pintar así de bonito. —¡Yo te enseño! —exclamó Iris—. Es muy fácil. Solo tienes que mirar algo, sentir lo que te hace sentir, y dejarlo salir por los dedos. Lina retrocedió asustada. —No, no puedo. Si Bruno y los demás me ven pintando, se reirán de mí también. Iris se quedó pensativa. Entendía el miedo de Lina. A ella también le dolían las burlas. Cada risa, cada comentario cruel, era como una piedrecita que le caía encima. Pero había descubierto algo: cuando pintaba, las piedrecitas pesaban menos. Los colores tenían el poder de hacer que las cosas feas parecieran menos importantes. —Lina —dijo Iris con cariño—, no tienes que pintar delante de nadie. Pero si alguna vez quieres intentarlo, yo estaré aquí. Lina asintió y se alejó nadando, pero Iris notó algo: en el agua, detrás de Lina, quedó una estela de burbujas que formaban un patrón muy bonito. Quizás Lina ya era artista sin saberlo. Esa noche, Iris se sentó en la orilla del estanque y pintó el cielo estrellado sobre su caparazón. Las estrellas le quedaron algo torcidas y la luna parecía una patata, pero a ella le pareció la obra más bonita del mundo. —Algún día —murmuró Iris mirando las estrellas de verdad—, todos verán que ser diferente no es un problema. Es un regalo.

En el estanque de los Juncos Dorados vivían muchas tortugas. Había tortugas grandes con caparazones oscuros como el chocolate, tortugas medianas con caparazones verdes como la hierba, y tortugas pequeñas con caparazones marrones como la tierra mojada. Todas eran parecidas. Todas menos una. Iris era una tortuga pequeña que tenía un problema, o al menos eso pensaban los demás: su caparazón estaba lleno de manchas de colores. Manchas rojas, azules, amarillas, naranjas y violetas. Como si alguien hubiera derramado un cubo de pintura sobre ella. La verdad era que Iris pintaba. Cada mañana, cuando el sol salía y el rocío todavía brillaba en las hojas, Iris sacaba sus pinceles diminutos (que ella misma fabricaba con ramitas y plumas de pájaro) y sus pinturas (que preparaba machacando flores y bayas) y pintaba sobre piedras, sobre hojas y, a veces, sobre su propio caparazón. —Iris, ¿otra vez pintando? —le decía don Galápago, la tortuga más vieja del estanque—. Las tortugas no pintan. Las tortugas nadan, toman el sol y se esconden en su caparazón. Eso es lo que hacemos. —Pero a mí me gusta pintar —respondía Iris—. Cuando pinto, siento que el mundo tiene más colores. —El mundo ya tiene suficientes colores —gruñía don Galápago—. Lo que necesita es más tortugas sensatas. Las otras tortugas jóvenes también se burlaban de Iris. Bruno, una tortuga grandota y algo bruta, siempre le decía: —¡Mira, ahí viene la tortuga payaso! ¿Hoy de qué color tienes la nariz? Y todas las tortugas se reían. Bueno, todas menos Lina, una tortuga tímida que observaba los dibujos de Iris en silencio y que, de vez en cuando, se acercaba a mirar. —¿Eso es un pájaro? —le preguntó Lina un día, señalando un dibujo que Iris había pintado sobre una piedra plana. —Es un pájaro volando hacia el arcoíris —respondió Iris con una sonrisa enorme—. ¿Te gusta? Lina dudó. Miró a su alrededor para comprobar que nadie la observaba. —Me encanta —susurró—. Me gustaría pintar así de bonito. —¡Yo te enseño! —exclamó Iris—. Es muy fácil. Solo tienes que mirar algo, sentir lo que te hace sentir, y dejarlo salir por los dedos. Lina retrocedió asustada. —No, no puedo. Si Bruno y los demás me ven pintando, se reirán de mí también. Iris se quedó pensativa. Entendía el miedo de Lina. A ella también le dolían las burlas. Cada risa, cada comentario cruel, era como una piedrecita que le caía encima. Pero había descubierto algo: cuando pintaba, las piedrecitas pesaban menos. Los colores tenían el poder de hacer que las cosas feas parecieran menos importantes. —Lina —dijo Iris con cariño—, no tienes que pintar delante de nadie. Pero si alguna vez quieres intentarlo, yo estaré aquí. Lina asintió y se alejó nadando, pero Iris notó algo: en el agua, detrás de Lina, quedó una estela de burbujas que formaban un patrón muy bonito. Quizás Lina ya era artista sin saberlo. Esa noche, Iris se sentó en la orilla del estanque y pintó el cielo estrellado sobre su caparazón. Las estrellas le quedaron algo torcidas y la luna parecía una patata, pero a ella le pareció la obra más bonita del mundo. —Algún día —murmuró Iris mirando las estrellas de verdad—, todos verán que ser diferente no es un problema. Es un regalo.

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La tortuga que pintaba arcoíris

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That Hoarder: Overcome Compulsive Hoarding That Hoarder Hoarding disorder is stigmatised and people who hoard feel vast amounts of shame. This podcast began life as an audio diary, an anonymous outlet for somebody with this weird condition. That Hoarder speaks about her experiences living with compulsive hoarding, she interviews therapists, academics, researchers, children of hoarders, professional organisers and influencers, and she shares insight and tips for others with the problem. Listened to by people who hoard as well as those who love them and those who work with them, Overcome Compulsive Hoarding with That Hoarder aims to shatter the stigma, share the truth and speak openly and honestly to improve lives. The Small Business Startup School – Business Notes | Financial Literacy | Retail Psychology – For Professionals & Entrepreneurs The Small Business Startup School Inc. Starting or buying a small business? While personal circumstances may vary, business patterns remain timeless. On The Small Business Startup School, we explore strategies, insights, and practical solutions to help entrepreneurs confidently navigate their journey.Hosted by Ola Williams—a retail entrepreneur, fintech founder, and financial coach with over two decades of experience—this podcast marries financial awareness and retail psychology with optimism to deliver actionable takeaways.Join us to learn, grow, and connect as we uncover the keys to business success.Let’s continue to learn together and be encouraged to keep on connecting! DIOSA. Carolina Sanper This podcast is a sacred space created by Carolina Sanper where you connect with your inner wisdom and embody your magnetic feminine power.It is the realization that the mystical realm is where you plant the seeds of your desired reality.It is a portal to your true essence: awareness, presence, and receiving with ease. Welcome home, DIOSA. 🖤 XXX Tech by SOVRYN Dr. Brian Sovryn The crossroads between technology, sensuality, and metaphysics - and the longest running anarchist podcast in the world! Brought to you by Dr. Brian Sovryn.

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How long is this episode of Relatia Podcast?

This episode is 19 minutes long.

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This episode was published on March 11, 2026.

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En el estanque de los Juncos Dorados vivían muchas tortugas. Había tortugas grandes con caparazones oscuros como el chocolate, tortugas medianas con caparazones verdes como la hierba, y tortugas pequeñas con caparazones marrones como la tierra...

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