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Homilía Diaria en FormacionCatolica.org

Con el Padre Miguel Martínez. Según el calendario litúrgico de la Iglesia Católica

  1. 300

    ¿Dónde está Jesús en las tormentas de la vida?

    Martes de la 13ª semana del Tiempo Ordinario - Año II Mt 8,23-27 8,23 Después Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron. 8,24 De pronto se desató en el mar una tormenta tan grande, que las olas cubrían la barca. Mientras tanto, Jesús dormía. 8,25 Acercándose a él, sus discípulos lo despertaron, diciéndole: «¡Sálvanos, Señor, nos hundimos!». 8,26 Él les respondió: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?». Y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma. 8,27 Los hombres se decían entonces, llenos de admiración: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?». .

  2. 299

    El Papa y su confesión de fe

    Santos Pedro y Pablo, apóstoles Mt 16,13-19 16,13 Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?». 16,14 Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas». 16,15 «Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?». 16,16 Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». 16,17 Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. 16,18 Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. 16,19 Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo». Solemnidad de los santos Pedro y Pablo, apóstoles Evangelio según san Mateo 16, 13-19 En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas”. Luego les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús le dijo entonces: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”. Santos Pedro y Pablo Solemnidad de san Pedro y san Pablo, apóstoles. Simón, hijo de Jonás y hermano de Andrés, fue el primero entre los discípulos que confesó a Cristo como Hijo de Dios vivo, y por ello fue llámado Pedro. Pablo, apóstol de los gentiles, predicó a Cristo crucificado a judíos y griegos. Los dos, con la fuerza de la fe y el amor a Jesucristo, anunciaron el Evangelio en la ciudad de Roma, donde, en tiempo del emperador Nerón, ambos sufrieron el martirio: Pedro, como narra la tradición, crucificado cabeza abajo y sepultado en el Vaticano, cerca de la vía Triunfal, y Pablo, degollado y enterrado en la vía Ostiense. En este día, su triunfo es celebrado por todo el mundo con honor y veneración. († s. I) San Pedro y San Pablo son apóstoles, testigos de Jesús que dieron un gran testimonio. Se dice que son las dos columnas del edificio de la fe cristiana. Dieron su vida por Jesús y gracias a ellos el cristianismo se extendió por todo el mundo.

  3. 298

    Nada anteponer a Jesús

    13° Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo A Mt 10,37-42 10,37 El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. 10,38 El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. 10,39 El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. 10,40 El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió. 10,41 El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo. 10,42 Les aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa». 13º Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo A Evangelio según san Mateo 10, 37-42 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la salvará. Quien los recibe a ustedes me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado. El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo. Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa”.

  4. 297

    La confianza en Dios

    Sábado de la 12ª semana del Tiempo Ordinario - Año II Mt 8,5-17 8,5 Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión, rogándole: 8,6 «Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente». 8,7 Jesús le dijo: «Yo mismo iré a curarlo». 8,8 Pero el centurión respondió: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. 8,9 Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: 'Ve', él va, y a otro: 'Ven', él viene; y cuando digo a mi sirviente: 'Tienes que hacer esto', él lo hace». 8,10 Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: «Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. 8,11 Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos; 8,12 en cambio, los herederos del Reino serán arrojados afuera, a las tinieblas, donde habrá llantos y rechinar de dientes». 8,13 Y Jesús dijo al centurión: «Ve, y que suceda como has creído». Y el sirviente se curó en ese mismo momento. 8,14 Cuando Jesús llegó a la casa de Pedro, encontró a la suegra de este en cama con fiebre. 8,15 Le tocó la mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirlo. 8,16 Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y él, con su palabra, expulsó a los espíritus y curó a todos los que estaban enfermos, 8,17 para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: Él tomó nuestras debilidades, y cargó sobre sí nuestras enfermedades.

  5. 296

    ¿Sabes pedir a Dios?

    Viernes de la 12ª semana del Tiempo Ordinario - Año II Mc 8,1-4 8,1 En esos días, volvió a reunirse una gran multitud, y como no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: 8,2 «Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer. 8,3 Si los mando en ayunas a sus casas, van a desfallecer en el camino, y algunos han venido de lejos». 8,4 Los discípulos le preguntaron: «¿Cómo se podría conseguir pan en este lugar desierto para darles de comer?».

  6. 295

    Construir la vida sobre la ley de Cristo

    Jueves de la 12ª semana del Tiempo Ordinario - Año II mateo 7, 21-29 7,21 No son los que me dicen: 'Señor, Señor', los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. 7,22 Muchos me dirán en aquel día: 'Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu Nombre? ¿No expulsamos a los demonios e hicimos muchos milagros en tu Nombre?'. 7,23 Entonces yo les manifestaré: 'Jamás los conocí; apártense de mí, ustedes, los que hacen el mal'. 7,24 Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. 7,25 Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero esta no se derrumbó porque estaba construida sobre roca. 7,26 Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena. 7,27 Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: esta se derrumbó, y su ruina fue grande». 7,28 Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, la multitud estaba asombrada de su enseñanza, 7,29 porque él les enseñaba como quien tiene autoridad y no como sus escribas.

  7. 294

    Preparar el camino del Señor con la penitencia

    Nacimiento de San Juan Bautista Lc 1,57-66.80 1,57 Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. 1,58 Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella. 1,59 A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; 1,60 pero la madre dijo: «No, debe llamarse Juan». 1,61 Ellos le decían: «No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre». 1,62 Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. 1,63 Este pidió una pizarra y escribió: «Su nombre es Juan». Todos quedaron admirados. 1,64 Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios. 1,65 Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. 1,66 Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: «¿Qué llegará a ser este niño?». Porque la mano del Señor estaba con él. 1,80 El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel.

  8. 293

    Adelgazar el corazón

    Martes de la 12ª semana del Tiempo Ordinario - Año II Mt 7,6.12-14 7,6 No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos. 7,12 Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas. 7,13 Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. 7,14 Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran.

  9. 292

    No juzgar a otros

    Lunes de la 12ª semana del Tiempo Ordinario - Año II Mt 7,1-5 7,1 No juzguen, para no ser juzgados. 7,2 Porque con el criterio con que ustedes juzguen se los juzgará, y la medida con que midan se usará para ustedes. 7,3 ¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo? 7,4 ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: 'Deja que te saque la paja de tu ojo', si hay una viga en el tuyo? 7,5 Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.

  10. 291

    No temamos perder la vida del cuerpo

    12° Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo A Mt 10,26-33 10,26 No les teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. 10,27 Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas. 10,28 No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena. 10,29 ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo. 10,30 Ustedes tienen contados todos sus cabellos. 10,31 No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros. 10,32 Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. 10,33 Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres.

  11. 290

    Servir a Dios estándo en el mundo

    Sábado de la 11ª semana del Tiempo Ordinario - Año II Mt 6,24-34 6,24 Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero. 6,25 Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido? 6,26 Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos? 6,27 ¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida? 6,28 ¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. 6,29 Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. 6,30 Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe! 6,31 No se inquieten entonces, diciendo: '¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?'. 6,32 Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan. 6,33 Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. 6,34 No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción.

  12. 289

    Los tesoros que se pierden

    Viernes de la 11ª semana del Tiempo Ordinario - Año II Mateo 6, 19-23 6,19 No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban. 6,20 Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben. 6,21 Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón. 6,22 La lámpara del cuerpo es el ojo. Si el ojo está sano, todo el cuerpo estará iluminado. 6,23 Pero si el ojo está enfermo, todo el cuerpo estará en tinieblas. Si la luz que hay en ti se oscurece, ¡cuánta oscuridad habrá!

  13. 288

    ¿Qué pedir en la oración?

    Jueves de la 11ª semana del Tiempo Ordinario - Año II Mt 6,7-15 6,7 Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. 6,8 No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. 6,9 Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, 6,10 que venga tu Reino, que se haga tu voluntad, en la tierra como en el cielo. 6,11 Danos hoy nuestro pan de cada día. 6,12 Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos, a los que nos han ofendido. 6,13 No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal. 6,14 Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. 6,15 Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.

  14. 287

    Tu padre, que ve en lo secreto, te premiará

    Miércoles de la 11ª semana del Tiempo Ordinario - Año II Mt 6,1-6.16-18 6,1 Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. 6,2 Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. 6,3 Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, 6,4 para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 6,5 Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. 6,6 Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 6,16 Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa. 6,17 Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, 6,18 para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

  15. 286

    ¿Cómo perdonar a los que nos hacen daño?

    Martes de la 11ª semana del Tiempo Ordinario - Año II Mt 5,43-48 5,43 Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. 5,44 Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; 5,45 así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir su sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. 5,46 Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? 5,47 Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? 5,48 Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.

  16. 285

    No hagáis frente al que os agravia

    Lunes de la 11ª semana del Tiempo Ordinario - Año II Mt 5,38-42 5,38 Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. 5,39 Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. 5,40 Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; 5,41 y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él. 5,42 Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.

  17. 284

    Rueguen que Dios envíe obreros

    (Mateo 9, 35—10, 8) «La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos»

  18. 283

    «Rueguen que Dios envíe obreros»

    11° Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo A Mt 9, 35-10,8 9,35 Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. 9,36 Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. 9,37 Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. 9,38 Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para su cosecha». 10,1 Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia. 10,2 Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; 10,3 Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; 10,4 Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó. 10,5 A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: «No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. 10,6 Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. 10,7 Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. 10,8 Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.

  19. 282

    Inmaculado Corazón de María

    Lc 2, 41-51 2,41 Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. 2,42 Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, 2,43 y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. 2,44 Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. 2,45 Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él. 2,46 Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. 2,47 Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas. 2,48 Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: «Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados». 2,49 Jesús les respondió: «¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?». 2,50 Ellos no entendieron lo que les decía. 2,51 Él regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón.

  20. 281

    El Corazón de Cristo y los sacramentos

    Sagrado Corazón de Jesús - Ciclo A Mt 11,25-30 11,25 En aquel tiempo, Jesús dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. 11,26 Sí, Padre, porque así lo has querido. 11,27 Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. 11,28 Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. 11,29 Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. 11,30 Porque mi yugo es suave y mi carga liviana». Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús - Ciclo A Evangelio según San Mateo 11, 25-30 En aquel tiempo, Jesús exclamó: “¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien. El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera”. *** Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús La Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús se celebra el viernes siguiente a la solemnidad del Corpus Christi, casi como para sugerirnos que la Eucaristía no es otra cosa que el Corazón mismo de Jesús, de Aquel que de corazón cuida de nosotros. En esta misma fecha, la Iglesia celebra la Jornada mundial de oración por la Santificación de los Sacerdotes. Precisamente fue un sacerdote, el normando Juan Eudes, quien celebró esta fiesta por primera vez el 20 de octubre de 1672. Pero ya algunas místicas alemanas de la Edad Media —Matilda de Magdeburgo (1212-1283), Matilde de Hackeborn (1241-1298) y  Gertrudis de Helfta (1256-1302)—, así como el dominico Beato Enrique Suso (1295 - 1366), habían cultivado la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. A la difusión del culto contribuyeron las revelaciones privadas recibidas por la religiosa visitandina Margarita María Alacoque (1647-1690). Margarita Alacoque vivía en el convento de Paray-le-Monial (Francia) desde 1671. Tenía ya fama de gran mística cuando el 27 de diciembre de 1673 recibió la primera visita de Jesús, que quiso compartir con ella los sufrimientos de su Corazón rebosante de amor por el Padre y por toda la humanidad, del mismo modo que los compartió con el discípulo Juan durante la Última Cena. "Mi divino corazón está tan apasionado de amor por la humanidad que, incapaz de contener en sí mismo las llamas de su ardiente caridad, debe difundirlas. Te he elegido para este gran proyecto”, le dice. Al año siguiente, Margarita tuvo otras dos visiones. En la primera apareció el corazón de Jesús en un trono de llamas, más brillante que el sol y más transparente que el cristal, rodeado de una corona de espinas; en la segunda, Margarita contempló a Cristo resplandeciente de gloria, con rayos de luz que salían su pecho y se expandían por todos lados. Jesús le habló de nuevo y le pidió que comulgara cada primer viernes de mes durante nueve meses consecutivos, y que se postrase en tierra en oración durante una hora en la noche entre los jueves y los viernes. Nacieron así las devociones de los nueve viernes y de la hora santa de adoración. En una cuarta visión, Cristo le pidió que se instituyera una fiesta para honrar su Corazón y reparar, mediante la oración, las ofensas que recibe. De parte de Jesús, Margarita también recibió una gran promesa de perdón: quien se acerque dignamente a la Eucaristía y comulgue durante nueve meses consecutivos el primer viernes del mes, con espíritu de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento, amando, honrando y consolando al Corazón de Jesús, recibirá el don de la perseverancia final, es decir, terminará su vida con la gracia de los sacramentos y de la remisión de sus ofensas a Dios y al prójimo. En 1856, Pío IX ordenó que la fiesta del Sagrado Corazón fuera extendida universalmente a toda la Iglesia. En 1995, San Juan Pablo II instituyó en este mismo día la Jornada Mundial de Oración por la Santificación del Clero, para que Jesús custodie el sacerdocio en su corazón.

  21. 280

    Pierde todo, pero no tu alma

    (Mateo 5, 27-32) «Si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, arráncatelo y tíralo lejos, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo».

  22. 279

    El Evangelio supera todo legalismo

    Jueves de la 10ª semana del Tiempo Ordinario - Año II Mt 5,20-26 5,20 Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. 5,21 Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, será condenado por el tribunal. 5,22 Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, será condenado por el tribunal. Y todo aquel que lo insulta, será castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, será condenado a la Gehena de fuego. 5,23 Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, 5,24 deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda. 5,25 Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. 5,26 Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

  23. 278

    Necesidad de la reparación

    (Mateo 5, 20-26) «Os digo, pues, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos»

  24. 277

    Cómo comprender nuestra vida a la luz de Cristo

    Miércoles de la 10ª semana del Tiempo Ordinario - Año II Mt 5,17-19 5,17 No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. 5,18 Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. 5,19 El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.

  25. 276

    La inmutable ley de Dios

    (Mateo 5, 17-19) «No vayáis a pensar que he venido a abolir la Ley y los Profetas. Yo no he venido para abolir, sino para dar cumplimiento. En verdad os digo, hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota, ni un ápice de la Ley pasará, sin que todo se haya cumplido»

  26. 275

    Lo que el mundo desprecia es justamente lo que Jesús premia

    (Mateo 5, 1-12 ) «Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos».

  27. 274

    Cuidado con las apariencias

    (Marcos 12, 38-44) «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplios ropajes y recibir reverencias en las calles [...] Estos recibirán un castigo muy riguroso».

  28. 273

    El mismo David llama Señor al Mesías

    Viernes de la 9ª semana del Tiempo Ordinario - Año II Mc 12,35-37 12,35 Jesús se puso a enseñar en el Templo y preguntaba: «¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? 12,36 El mismo David ha dicho, movido por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos, debajo de tus pies. 12,37 Si el mismo David lo llama 'Señor', ¿cómo puede ser hijo suyo?». La multitud escuchaba a Jesús con agrado.

  29. 272

    Jesús es alimento para la peregrinación

    Corpus Christi - Ciclo A Jn 6,51-58 6,51 Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré, es mi carne para la Vida del mundo». 6,52 Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?». 6,53 Jesús les respondió: «Les aseguro, que si no comen la carne del Hijo del hombre, y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. 6,54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. 6,55 Porque mi carne es la verdadera comida, y mi sangre, la verdadera bebida. 6,56 El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. 6,57 Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come, vivirá por mí. 6,58 Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente». Solemnidad de Corpus Christi - Ciclo A Evangelio según san Juan 6, 51-58 En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida". Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí: "¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?" Jesús les dijo: "Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre".

  30. 271

    San Carlos Lwanga y compañeros, Mártires

    San Carlos Lwanga y compañeros Mt 5,1-12 5,1 Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él. 5,2 Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo: 5,3 «Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. 5,4 Felices los afligidos, porque serán consolados. 5,5 Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. 5,6 Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. 5,7 Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. 5,8 Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. 5,9 Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. 5,10 Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. 5,11 Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. 5,12 Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron. Evangelio según San Mateo 5, 1-12 Al ver estas multitudes, subió a la montaña, y habiéndose sentado, se le acercaron sus discípulos. Entonces, abrió su boca, y se puso a enseñarles así: “Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque a ellos pertenece el reino de los cielos. Bienaventurados los afligidos, porque serán consolados. Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque serán hartados. Bienaventurados los que tienen misericordia, porque para ellos habrá misericordia. Bienaventurados los de corazón puro, porque verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque a ellos pertenece el reino de los cielos. Dichosos seréis cuando os insultaren, cuando os persiguieren, cuando dijeren mintiendo todo mal contra vosotros, por causa mía. Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos, pues así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros”. *** San Carlos Lwanga y compañeros, mártires Carlos Lwanga, uno de los 22 mártires de Uganda, es el patrón de la juventud y la acción católica en la mayor parte de África tropical. Protegió a sus compañeros pajes, de 13 a 30 años, de las demandas homosexuales del gobernante de Bagandan, Mwanga, y los animó e instruyó en la fe católica durante su encarcelamiento por rechazar las demandas del gobernante. Carlos se enteró por primera vez de las enseñanzas de Cristo a través de dos vasallos de la corte del jefe Mawulugungu. Mientras era catecúmeno, ingresó a la casa real como asistente de Joseph Mukaso, jefe de los pajes de la corte. En la noche del martirio de Mukaso por animar a los jóvenes africanos a resistir a Mwanga, Carlos pidió y recibió el Bautismo. Encarcelado con sus amigos, el coraje y la fe en Dios de Charles los inspiraron a permanecer castos y fieles. Por su propia falta de voluntad para someterse a los actos inmorales y sus esfuerzos por salvaguardar la fe de sus amigos, Carlos fue quemado vivo en Namugongo el 3 de junio de 1886 por orden de Mwanga. Cuando el Papa Pablo VI canonizó a estos 22 mártires el 18 de octubre de 1964, también hizo referencia a los pajes anglicanos martirizados por la misma razón. Tomado de VitaeSanctorum.com

  31. 270

    Vivir esperando la vida eterna

    (Marcos 12, 18-27) «¿No erráis, acaso, por no conocer las Escrituras ni el poder de Dios? Porque, cuando resuciten de entre los muertos, no se casarán (los hombres), ni se darán en matrimonio (las mujeres), sino que serán como ángeles en el cielo»

  32. 269

    Al César lo que es del César

    (Marcos 12, 13-17) «[...] ¿Es lícito pagar el tributo al César o no? ¿Pagaremos o no pagaremos?”»

  33. 268

    Fiesta de la Visitación de la Virgen María

    Visitación de la Virgen María Lc 1,39-56 1,39 En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. 1,40 Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. 1,41 Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, 1,42 exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! 1,43 ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? 1,44 Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. 1,45 Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor». 1,46 María dijo entonces: «Mi alma canta la grandeza del Señor, 1,47 y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, 1,48 porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, 1,49 porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! 1,50 Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen. 1,51 Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. 1,52 Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. 1,53 Colmó de bienes a los hambrientosy despidió a los ricos con las manos vacías. 1,54 Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, 1,55 como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre». 1,56 María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa. Evangelio según san Lucas 1, 39-56 En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea y, entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno. Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”. Entonces dijo María: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Santo es su nombre y su misericordia llega de generación en generación a los que lo temen. Ha hecho sentir el poder de su brazo: dispersó a los de corazón altanero, destronó a los potentados y exaltó a los humildes. A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió sin nada. Acordándose de su misericordia, vino en ayuda de Israel, su siervo, como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia, para siempre”. María permaneció con Isabel unos tres meses, y luego regresó a su casa. *** Fiesta de la Visitación de la Virgen María En el relato de la Visitación, San Lucas muestra cómo la gracia de la Encarnación, después de haber inundado a la Santísima Virgen, lleva salvación y alegría a la casa de Isabel. El Salvador de los hombres, oculto en el seno de su Madre, derrama el Espíritu Santo, manifestándose ya desde el comienzo de su venida al mundo. «En la Visitación, la Virgen lleva a la madre del Bautista el Cristo, que derrama el Espíritu Santo. Las mismas palabras de Isabel expresan bien este papel de mediadora: “Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo saltó de gozo el niño en mi seno” (Lc 1, 44). La intervención de María produce, junto con el don del Espíritu Santo, como un preludio de Pentecostés, confirmando una cooperación que, habiendo empezado con la Encarnación, esta destinada a manifestarse en toda la obra de la salvación divina»Juan Pablo II.

  34. 267

    San Justino, Mártir

    (Mateo 5, 13-19) «No vayáis a pensar que he venido a abolir la Ley y los Profetas. Yo no he venido para abolir, sino para dar cumplimiento. En verdad os digo, hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota, ni un ápice de la Ley pasará, sin que todo se haya cumplido»

  35. 266

    Jesús, piedra angular

    (Marcos 12, 1-12) Pero aquellos viñadores se dijeron unos a otros: «Éste es el heredero. Venid, matémoslo, y la herencia será nuestra»

  36. 265

    Dios nos reveló su vida íntima para vivir en nosotros

    (Juan 3, 16-18) «Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único»

  37. 264

    ¿Quién te dió autoridad para hacer apostolado?

    (Marcos 11, 27-33) «¿Con qué autoridad haces todo esto? ¿Quién te ha dado autoridad para actuar así?»

  38. 263

    Caminemos decididos hacia la Cruz

    (Marcos 10, 32-45) «El cáliz que Yo he de beber, lo beberéis; y el bautismo que Yo he de recibir lo recibiréis [...]»

  39. 262

    San Felipe Neri, Presbítero

    San Felipe Neri, Presbítero Jn 17,20-26 17,20 No ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí. 17,21 Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí, y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea, que tú me enviaste. 17,22 Yo les he dado la gloria, que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno 17,23 -yo en ellos y tú en mí-, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca, que tú me has enviado, y que los has amado a ellos, como me amaste a mí. 17,24 Padre, quiero que los que tú me diste, estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas, antes de la creación del mundo. 17,25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron, que tú me enviaste. 17,26 Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste, esté en ellos, y yo también esté en ellos». Evangelio según san Juan 17, 20-26 “Mas no ruego sólo por ellos, sino también por aquellos que, mediante la palabra de ellos, crean en Mí, a fin de que todos sean uno, como Tú, Padre, en Mí y Yo en Ti, a fin de que también ellos sean en nosotros, para que el mundo crea que eres Tú el que me enviaste. Y la gloria que Tú me diste, Yo se la he dado a ellos, para que sean uno como nosotros somos Uno: Yo en ellos y Tú en Mí, a fin de que sean perfectamente uno, y para que el mundo sepa que eres Tú quien me enviaste y los amaste a ellos como me amaste a Mí. Padre, aquellos que Tú me diste quiero que estén conmigo en donde Yo esté, para que vean la gloria mía, que Tú me diste, porque me amabas antes de la creación del mundo. Padre Justo, si el mundo no te ha conocido, te conozco Yo, y éstos han conocido que eres Tú el que me enviaste, y Yo les hice conocer tu nombre, y se lo haré conocer para que el amor con que me has amado sea en ellos y Yo en ellos”. Memoria de San Felipe Neri Memoria de san Felipe Neri, presbítero, que, consagrándose a la labor de salvar a los jóvenes del maligno, fundó el Oratorio en Roma, en el cual se practicaban constantemente las lecturas espirituales, el canto y las obras de caridad, y resplandeció por el amor al prójimo, la sencillez evangélica y su espíritu de alegría, el sumo celo y el servicio ferviente de Dios. Llamado «el apóstol de Roma». San Felipe nació en Florencia, Italia, en 1515. Su padre se llamaba Francisco Neri. Desde pequeño demostraba tal alegría y tan grande bondad, que la gente lo llamaba «Felipín el bueno». En su juventud dejó fama de amabilidad y alegría entre sus compañeros y amigos. Habiendo quedado huérfano de madre, lo envió su padre a casa de un tío muy rico, el cual planeaba dejarlo heredero de todos sus bienes. Pero allá Felipe se dio cuenta de que las riquezas le podían impedir el dedicarse a Dios, y un día tuvo lo que él llamó su primera «conversión». Y consistió en que se alejó de la casa del riquísimo tío y se fue para Roma llevando únicamente la ropa que llevaba puesta. En adelante quería confiar solamente en Dios y no en riquezas o familiares pudientes. Felipe había recibido de Dios el don de la alegría y de amabilidad. Como era tan simpático en su modo de tratar a la gente, fácilmente se hacía amigo de obreros, de empleados, de vendedores y niños de la calle y empezaba a hablarles del alma, de Dios y de la salvación. Una de sus preguntas más frecuentes era esta: «amigo ¿y cuándo vamos a empezar a volvernos mejores?». Si la persona le demostraba buena voluntad, le explicaba los modos más fáciles para llegar a ser más piadosos y para comenzar a portarse como Dios quiere. A aquellas personas que le demostraban mayores deseos de progresar en santidad, las llevaba de vez en cuando a atender enfermos en hospitales de caridad, que en ese tiempo eran pobrísimos y muy abandonados y necesitados de todo. Otra de sus prácticas era llevar a las personas que deseaban empezar una vida nueva, a visitar en devota procesión los siete templos principales de Roma y en cada uno dedicarse un buen rato a orar y meditar. Y así con la caridad para los pobres y con la oración lograba transformar a muchísima gente. San Felipe quería irse de misionero al Asia pero su director espiritual le dijo que debía dedicarse a misionar en Roma. Entonces se reunió con un grupo de sacerdotes y formó una asociación llamada el «Oratorio», porque hacían sonar una campana para llamar a las gentes a que llegaran a orar. El santo les redactó a sus sacerdotes un sencillo reglamento y así nació la comunidad religiosa llamada de Padres Oratorianos o Filipenses. Esta congregación fue aprobada por el Papa en 1575 y ayudada por San Carlos Borromeo. El 25 de mayo de 1595 su médico lo vio tan extraordinariamente contento que le dijo: «Padre, jamás lo había encontrado tan alegre», y él le respondió: «Me alegré cuando me dijeron: vayamos a la casa del Señor». A la media noche le dio un ataque y levantando la mano para bendecir a sus sacerdotes que lo rodeaban, expiró dulcemente. Tenía 80 años. Fue declarado santo en el año 1622 y en Roma lo consideraron como a su mejor catequista y director espiritual. Es patrono de Roma y de Italia. Tomado de Santopedia

  40. 261

    Pobreza evangélica

    (Marcos 10, 28-31) «Yo les aseguro: Nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, dejará de recibir, en esta vida, el ciento por uno [...]»

  41. 260

    Santa María, Madre de la Iglesia

    Jn 19,25-27 19,25 Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. 19,26 Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». 19,27 Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa. Memoria de María Madre de la Iglesia El lunes siguiente a Pentecostés, la Iglesia Católica celebra la memoria de «la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia». Por decisión del Papa Francisco, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha ordenado la inscripción de la memoria de la «Bienaventurada Virgen María Madre de la Iglesia» en el Calendario Romano General, con decreto del día 11 de febrero de 2018, ciento sesenta aniversario de la primera aparición de la Virgen en Lourdes. Se adjuntan al decreto los respectivos textos litúrgicos, en latín, para la Misa, el Oficio Divino y el Martirologio Romano. Las Conferencias Episcopales tendrán que aprobar la traducción de los textos necesarios y, después de ser confirmados, publicarlos en los libros litúrgicos de su jurisdicción. El motivo de la celebración es descrito brevemente en el mismo decreto, que recuerda la madurada veneración litúrgica a María tras una mejor comprensión de su presencia «en el misterio de Cristo y de la Iglesia», como ha explicado el capítulo viii de la Lumen Gentium del Concilio Vaticano II. De hecho, el beato Pablo VI, al promulgar esta constitución conciliar el 21 de noviembre de 1964, quiso conceder solemnemente a María el título de «Madre de la Iglesia». El sentir del pueblo cristiano, en los dos mil años de historia, había acogido, de diverso modo, el vínculo filial que une estrechamente a los discípulos de Cristo con su Santísima Madre. De tal vínculo da testimonio explícito el evangelista Juan, cuando habla del testamento de Jesús muriendo en la cruz (cf. Juan 19, 26-27). Después de haber entregado su Madre a los discípulos y éstos a la Madre, «sabiendo que ya estaba todo cumplido», al morir Jesús «entregó su espíritu» para la vida de la Iglesia, su cuerpo místico: pues, «del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de la Iglesia entera» (Sacrosanctum Concilium, n. 5). El agua y la sangre que brotaron del corazón de Cristo en la cruz, signo de la totalidad de su ofrenda redentora, continúan sacramentalmente dando vida a la Iglesia mediante el Bautismo y la Eucaristía. María Santísima tiene que realizar su misión materna en esta admirable comunión, que se ha de potenciar siempre entre el Redentor y los redimidos. El Papa Francisco, considerando la importancia del misterio de la maternidad espiritual de María, que desde la espera del Espíritu en Pentecostés (cf. Hechos 1,14) no ha dejado jamás de cuidar maternalmente de la Iglesia, peregrina en el tiempo, ha establecido que, el lunes después de Pentecostés, la memoria de María Madre de la Iglesia sea obligatoria para toda la Iglesia de Rito Romano. Es evidente el nexo entre la vitalidad de la Iglesia de Pentecostés y la solicitud materna de María hacia ella. En los textos de la Misa y del Oficio, el texto de Hechos 1, 12-14 ilumina la celebración litúrgica, como también Génesis 3, 9-15.20, leído a la luz de la tipología de la nueva Eva, constituida «Mater omnium viventium» junto a la cruz del Hijo, Redentor del mundo. Esperamos que esta celebración, extendida a toda la Iglesia, recuerde a todos los discípulos de Cristo que, si queremos crecer y llenarnos del amor de Dios, es necesario fundamentar nuestra vida en tres realidades: la Cruz, la Hostia y la Virgen–Crux, Hostia et Virgo. Estos son los tres misterios que Dios ha dado al mundo para ordenar, fecundar, santificar nuestra vida interior y para conducirnos hacia Jesucristo. Son tres misterios para contemplar en silencio (R. Sarah, La fuerza del silencio, n. 57). Robert Card. Sarah Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

  42. 259

    Solemnidad de Pentecostés

    Pentecostés - Ciclo A Jn 20,19-23 20,19 Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». 20,20 Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. 20,21 Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes!,Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes». 20,22 Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: «Reciban el Espíritu Santo. 20,23 Los pecados serán perdonados, a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos, a los que ustedes se los retengan». Hoy la Iglesia celebra la Solemnidad de Pentecostés, en la cual se conmemora la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, a los cincuenta días después de la Resurrección de Cristo. La venida del Espíritu Santo, Solemnidad de Pentecostés, es una de las grandes fiestas para la Iglesia Católica, debido a que en este día, el Espíritu Santo vino sobre la Iglesia de una forma muy especial, trayendo una esperanza renovada y fuerza para el anuncio del Evangelio. «Espíritu Santo, fuente inagotable de todo lo que existe, hoy quiero darte gracias. Gracias ante todo por la vida, porque respiro, me muevo, siento cosas, mi cuerpo funciona, mi corazón late. Hay vida en mí. Gracias porque a través de mi piel y mis sentidos puedo tomar contacto con los seres que has creado. Porque el aire roza mi piel, siento el calor y el frío, percibo el contacto con las cosas que toco. Gracias porque mi pequeño mundo está repleto de pequeñas maravillas que no alcanzo a descubrir. La Promesa del Espíritu Santo Durante la Última Cena, Jesús les promete a sus apóstoles: “Mi Padre os dará otro Abogado, que estará con vosotros para siempre: el espíritu de Verdad” (San Juan 14, 16-17). Más adelante les dice: “Les he dicho estas cosas mientras estoy con ustedes; pero el Abogado, El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, ése les enseñará todo y traerá a la memoria todo lo que yo les he dicho.” (San Juan 14, 25-26). Al terminar la cena, les vuelve a hacer la misma promesa: “Les conviene que yo me vaya, pues al irme vendrá el Abogado,… muchas cosas tengo todavía que decirles, pero no se las diré ahora. Cuando venga Aquél, el Espíritu de Verdad, os guiará hasta la verdad completa,… y os comunicará las cosas que están por venir” (San Juan 16, 7-14). En el calendario del Año Litúrgico, después de la fiesta de la Ascensión, a los cincuenta días de la Resurrección de Jesús, celebramos la fiesta de Pentecostés. Explicación de la fiesta: Después de la Ascensión de Jesús, se encontraban reunidos los apóstoles con la Madre de Jesús. Era el día de la fiesta de Pentecostés. Tenían miedo de salir a predicar. Repentinamente, se escuchó un fuerte viento y pequeñas lenguas de fuego se posaron sobre cada uno de ellos. Quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas desconocidas. En esos días, había muchos extranjeros y visitantes en Jerusalén, que venían de todas partes del mundo a celebrar la fiesta de Pentecostés judía. Cada uno oía hablar a los apóstoles en su propio idioma y entendían a la perfección lo que ellos hablaban. Todos ellos, desde ese día, ya no tuvieron miedo y salieron a predicar a todo el mundo las enseñanzas de Jesús. El Espíritu Santo les dio fuerzas para la gran misión que tenían que cumplir: Llevar la palabra de Jesús a todas las naciones, y bautizar a todos los hombres en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es este día cuando comenzó a existir la Iglesia como tal. Oración al Espíritu Santo Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor; envía Señor tu Espíritu Creador y se renovará la faz de la tierra. OH Dios, que quisiste ilustrar los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que, guiados por este mismo Espíritu, obremos rectamente y gocemos de tu consuelo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Tomado de MisionerosDigitales.com

  43. 258

    «Tú, sígueme»

    Sábado de la 7ª semana de Pascua Jn 21,20-25 21,20 Pedro, volviéndose, vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba, el mismo que durante la Cena se había reclinado sobre Jesús y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?». 21,21 Cuando Pedro lo vio, preguntó a Jesús: «Señor, ¿y qué será de este?». 21,22 Jesús le respondió: «Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa? Tú sígueme». 21,23 Entonces se divulgó entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría, pero Jesús no había dicho a Pedro: «Él no morirá», sino: «Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa?». 21,24 Este mismo discípulo es el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero. 21,25 Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relatara detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían.

  44. 257

    El Espíritu Santo es ayuda para amar a Dios

    (Juan 21, 15-19) «En verdad, en verdad, te digo, cuando eras más joven, te ponías a ti mismo el ceñidor, e ibas adonde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás los brazos, y otro te pondrá el ceñidor, y te llevará adonde no quieres»

  45. 256

    ¿Me amas?

    Viernes de la 7ª semana de Pascua Jn 21,15-19 21,15 Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». Él le respondió: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos». 21,16 Le volvió a decir por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Él le respondió: «Sí, Señor, sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas». 21,17 Le preguntó por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas. 21,18 Te aseguro, que cuando eras joven, tú mismo te vestías, e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará, y te llevará a donde no quieras». 21,19 De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: «Sígueme».

  46. 255

    El Espíritu Santo es unión con Dios

    Jueves de la 7ª semana de Pascua Jn 17,1.20-26 17,1 Después de hablar así, Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo: «Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo, para que el Hijo te glorifique a ti, 17,20 No ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí. 17,21 Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí, y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea, que tú me enviaste. 17,22 Yo les he dado la gloria, que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno 17,23 -yo en ellos y tú en mí-, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca, que tú me has enviado, y que los has amado a ellos, como me amaste a mí. 17,24 Padre, quiero que los que tú me diste, estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas, antes de la creación del mundo. 17,25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron, que tú me enviaste. 17,26 Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste, esté en ellos, y yo también esté en ellos».

  47. 254

    No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal

    Miércoles de la 7ª semana de Pascua Jn 17,1.11-19 17,1 Después de hablar así, Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo: «Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo, para que el Hijo te glorifique a ti, 17,11 Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti. Padre santo, cuídalos en tu Nombre,-el Nombre que tú me diste-, para que sean uno, como nosotros. 17,12 Mientras estaba con ellos, yo los cuidaba en tu Nombre,-el Nombre que tú me diste-, yo los protegía, y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura. 17,13 Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos, y su gozo sea perfecto. 17,14 Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió, porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 17,15 No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno. 17,16 Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 17,17 Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad. 17,18 Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo. 17,19 Por ellos me consagro, para que también ellos, sean consagrados en la verdad.

  48. 253

    Esta es la vida eterna, que te conozcan a Ti, Jesucristo

    Martes de la 7ª semana de Pascua Jn 17,1-11 17,1 Después de hablar así, Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo: «Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo, para que el Hijo te glorifique a ti, 17,2 ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida eterna, a todos los que tú le has dado. 17,3 Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo. 17,4 Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra, que me encomendaste. 17,5 Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo, antes que el mundo existiera. 17,6 Manifesté tu Nombre, a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra. 17,7 Ahora saben, que todo lo que me has dado viene de ti, 17,8 porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente, que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste. 17,9 Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos. 17,10 Todo lo mío es tuyo, y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado. 17,11 Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti. Padre santo, cuídalos en tu Nombre,-el Nombre que tú me diste-, para que sean uno, como nosotros.

  49. 252

    Tened valor, yo he vencido al mundo

    Lunes de la 7ª semana de Pascua Jn 16,29-33 16,29 Sus discípulos le dijeron: «Por fin hablas claro y sin parábolas. 16,30 Ahora conocemos que tú lo sabes todo y no hace falta hacerte preguntas. Por eso creemos que tú has salido de Dios». 16,31 Jesús les respondió: «¿Ahora creen? 16,32 Se acerca la hora, y ya ha llegado, en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado, y me dejarán solo. Pero no, no estoy solo, porque el Padre está conmigo. 16,33 Les digo esto, para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo».

  50. 251

    Nunca estamos solos

    (Juan 16, 29-33) «[...] Les he dicho estas cosas, para que tengan paz en mí. En el mundo tendrán tribulaciones; pero tengan valor, porque yo he vencido al mundo»

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