EPISODE · Apr 12, 2026 · 10 MIN
24 horas dando un paseo por la antigua Roma
from PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM
24 horas dando un paseo por la antigua Roma. Hoy despertaremos en una de las ciudades más poderosas de la antigüedad. En un viaje al pasado, hace 2.000 años. Bienvenidos a la Roma virtual. Una metrópolis viva, ruidosa, caótica y…magnífica. La ciudad de más de un millón de habitantes. Donde los senadores y los esclavos caminaban por las mismas calles. Donde el olor a pan recién hecho se mezclaba con el polvo de las ruedas de los carros. En este día, pasearemos por un lugar que formó parte de un imperio. Que se extendía desde Britania hasta Mesopotamia. Recorreremos Roma, antes del amanecer, hasta que se apague la última lámpara a medianoche. Fíjate en qué comían, qué celebraban y qué temían. Adéntrate en una de las mayores civilizaciones de la historia. Roma no espera a que salga el sol. Antes de que la luz toque las siete colinas, la ciudad ya se pone en marcha. Las calles de la Suburra, el barrio más denso, ruidoso y abarrotado, comienza su ajetreo. Los mercaderes avanzan sobre las calzadas de piedra. Las ruedas chirrían sobre los bloques de basalto y los bueyes exhalan vapor en el aire frío. En las Insulae hay grandes edificios de apartamentos, donde vive la mayoría de la población. En habitaciones pequeñas, oscuras… Sin agua corriente ni cocina privada, ni calefacción, como hoy la conocemos. Sólo entran en calor mediante braseros de arcilla. Aunque el fuego es un peligro. Bajando a pie de calle, las tabernae, ya están abiertas. Los panaderos han trabajado durante la noche. El pistrinum romano es otra de las instituciones esenciales de la ciudad. Salen unos panes planos de trigo de los hornos de piedra y se van apilando. La luz alcanza al foro y las primeras figuras se reúnen allí. Roma funciona siguiendo las reglas de una estricta jerarquía. No falta la saludatio, el saludo ritual. Hay costumbres que no cambian ni en 2.000 años. Los ricos abren sus casas y enseñan su riqueza a los clientes, libertos…a sus conocidos. Buscan favores, muestran respeto y reciben pequeñas dádivas. Comida o dinero. En Roma el poder no se mide en oro, sino en cuántas personas acuden a tu puerta. Los acueductos alimentan la ciudad. Once en época imperial. Más de un millón de metros cúbicos de agua al día. Imprescindibles para que funcionen las fuentes públicas, las termas, los jardines imperiales y las casas. El foro está lleno. Un espacio abierto, rodeado de templos, basílicas y edificios públicos. El mercado, el tribunal, el escenario político o el centro social. Un juicio bajo el cielo. Un negocio entre mercaderes. Y un sacrificio en el templo de Vesta. Niños aprendiendo de un maestro sentado bajo una columnata. La educación cuenta con la calle como aula y el ruido de la ciudad como fondo. En las basílicas, los cambistas manejan el dinero. Se firman contratos y los abogados defienden sus casos. El derecho romano ya es uno de los sistemas más avanzados del mundo antiguo. Los mercados están llenos. El de Trajano alberga más de 150 tiendas. Despachando grano, aceite, vino, especias o seda. Especias de la India, la seda china o el ámbar del Báltico. Roma es el centro de una red comercial que abarca tres continentes. Una famosa salsa de pescado fermentado, el Garum, está presente en muchos platos. Llega en ánforas desde Hispania y el norte de África. A media mañana, todavía se percibe más la impresionante escala de Roma. El coliseo acoge a 80.000 espectadores, todo un prodigio de la ingeniería. Vemos sus corredores, rampas y entradas numeradas. Pasando de estar vacío a lleno en cuestión de minutos. Bajo la arena está el hipogeo. Con sus túneles, jaulas y elevadores. El mecanismo que hace que los animales o los gladiadores suban a la arena. También destaca el Panteón. Una cúpula de hormigón de 43 m de diámetro. La mayor de su estilo. Desde lo alto se aprecia una fuente de luz. Ahora conoceremos el hormigón romano. Hecho con ceniza volcánica. Se endurece bajo el agua. Sin este potente pegamento, estas mega estructuras no serían posibles. Llega el medio día, el ritmo de trabajo se pausa. Se abren las termas. Las de Caracalla miden más de 13 hectáreas y entran hasta 1.600 personas a la vez. La entrada es barata, algunas veces, gratis. Subvencionada por el emperador. El recorrido nos lleva por el Frigidarium, el agua fría, luego por el Tepidarium, la zona de agua templada y… finaliza en el Caldarium. El hipocausto calienta el suelo y las paredes. Estamos rodeados de bibliotecas, jardines, comida y barberos. Los romanos que pueden permitírselo, pasan en remojo toda la tarde. Bañándose, escuchando filosofía y debatiendo de política. Volvemos al Coliseo. Abarrotado. Los gladiadores son su gran atracción. Profesionales, entrenados y con su especialidad: Retiarius con su red y tridente. Secutor, portando espada y escudo. Cada estilo tiene sus ventajas e inconvenientes. Para el público, es como ver un deporte. Algunos gladiadores formaron parte de la leyenda. Sus rostros aparecen en muros y sus victorias están inscritas en los grafitis. Cae la tarde en Roma. Una ciudad politeísta. Absorbe a los dioses de muchas culturas. Júpiter, Juno o Minerva. Isis, llegada de Egipto. Y las vestales, las vírgenes que custodian el fuego sagrado. Una llama que nunca debe apagarse. Muchos ritos religiosos incluyen sus ceremonias y sacrificios. Los dioses participan en la vida diaria. Llega la hora de la cena. Para los ricos, con espectáculo incluido. En el triclinium, reclinados en sus divanes. De menú, comen unos entrantes: huevos con aceitunas. Como plato principal: carne con salsa. Y de postre fruta y miel. El vino se sirve rebajado con agua. Beberlo sin diluir es cosa de bárbaros. Las conversaciones se centran en la política y pasan a la filosofía y a los cotilleos. Hay cosas que no cambian ni en 2.000 años. Estos lujos son una excepción, para la mayoría habrá comida callejera. Están en un Thermopolim comiendo lentejas, garbanzos fritos y vino barato. El fast food de la época. De noche, Roma cambia. Muchos ciudadanos cierran las puertas de sus hogares, pero la ciudad no duerme. Los carros siguen su trayecto, las ruedas golpean las piedras. Los vigiles patrullan y las fuerzas del orden siguen atentas. En las tabernas, el vino corre hasta el amanecer. Un entorno de dados, lámparas y amantes en los portales. Con sus ladrones en la sombra. Nace un niño y muere un anciano, el ciclo de la vida es el mismo. Y así pasaríamos un día en una de las grandes ciudades del mundo antiguo. Con su grandeza y miseria. Fin del trayecto.
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