EPISODE · Dec 31, 2024 · 11 MIN
Michaela Community school la profesora más estricta de todo el Reino Unido
from PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM
Michaela Community school la profesora más estricta de todo el Reino Unido La disciplina es la mayor prueba de amor. Así es el colegio de la profesora más estricta del Reino Unido. Su centro, el Michaela Community School es el colegio más famoso allí. Los alumnos entran en el comedor y se colocan detrás de las sillas. Lo hacen en silencio, de pie y con los brazos cruzados. La profesora empieza a recitar: Si puedes mantener la cabeza en su sitio, cuando todos a tu alrededor la pierden y te culpan a ti… El poema ‘If’, Si…de Rudyard Kipling lo terminan los alumnos a dos voces. Todo un ejemplo de estoicismo. Otro día tocará ‘Invictus’. Tras el poema, anuncia el tema a debatir durante la comida. Hoy vamos a hablar sobre los bancos de alimentos, cómo sería la mejor manera de ayudar a los que tienen menos privilegios que nosotros. Los alumnos se sientan en mesas de seis y dan sus propuestas. Los estudiantes se dirigen ante un visitante o un extraño con un ‘Miss’ o ‘Sir’. Y el visitante tiene que presentarse con el apellido. Es una de las muchas normas del centro. Sin embargo, este colegio ha sido objeto de un intenso debate por sus métodos tan estrictos. En Google Maps llegaron a hackear su nombre por el de: Prisión comunitaria Michaela. En diez minutos de reloj, los alumnos han terminado su plato. Todo aquí se cronometra, en cuestión de segundos las mesas quedan impolutas. Basta con que un profesor levante el brazo para que los alumnos paren en seco y crucen los brazos con la espalda recta. Katharine Birbalsingh, de 51 años, ha sido apodada como la maestra más estricta de Reino Unido. Carismática y controvertida, amada y odiada. Para unos, es una visionaria. Para otros, un monstruo peor que el Thomas Gradgrind, creado por Dickens. Sea como fuera, ha logrado un importante éxito. Que un colegio de secundaria, situado en Wembley, uno de los barrios más pobres de Londres, se haya convertido, oficialmente, en el mejor del país. Más de una cuarta parte de sus alumnos provienen de entornos desfavorecidos. Y alrededor del setenta por ciento habla inglés como segunda lengua. Con todo, más del 91 por ciento ha logrado la máxima calificación en los exámenes. Y el 82 por cien ha conseguido plaza en alguna universidad del prestigioso grupo Russell. Un grupo que incluye Oxford, Cambridge, LSE o Imperial. Desde la apertura de este centro en el 2014, ha recibido más de 7.000 visitantes de todas las partes del mundo. Miles de interesados en conocer el secreto de su éxito. Su mantra es: Trabaja duro y sé amable. El colegio se sitúa en un antiguo bloque de oficinas al lado de la carretera. No hay patio como tal. El recreo tiene lugar en lo que era el parking de empleados. La jornada escolar se desarrolla con precisión militar. Hay unos grandes relojes digitales, colocados en cada aula, para cronometrarlo todo. A la de tres, comienzan los diez segundos para sacar los libros y abrirlos en la página 32. Así lo indica un maestro antes de dar la cuenta atrás. La transición entre clases también está cronometrada. Una línea negra recorre el centro de los estrechos pasillos donde los alumnos avanzan en fila recta, completamente en silencio. En los baños no hay espejos, para que no se distraigan. Cada detalle está diseñado para maximizar la cantidad de tiempo de aprendizaje. Los estudiantes reciben ‘deméritos’ por los errores más leves: Olvidar un bolígrafo, encorvarse, mirar por la ventana durante una lección. Dos deméritos equivalen a un castigo que deben cumplir con horas en la biblioteca tras las clases. La directora del centro cree que ser tan estrictos es la mayor prueba de amor. Significa que quieres a tus alumnos lo suficiente como para mantener un estándar alto con ellos. No es ser cruel, es amor. La directora ha afirmado que este colegio no va de aprobar exámenes o de aprender mucha materia académica. Se trata de convertir a los alumnos en personas felices, matiza. Todos no irán a Cambridge, algunos serán peluqueros o fontaneros. Sean lo que sean, intentaremos que se conviertan en los mejores en su profesión. La vida de esta famosa directora dio un vuelco en el año 2010. Por aquel entonces escribía, de forma anónima un exitoso blog, relatando sus experiencias como profesora. Luego, se convirtió en un libro. De ahí, el ministro de educación la invitó a la conferencia anual del Partido Conservador para que expusiera sus ideas. Tras un apasionado discurso, recibió una gran ovación. En líneas generales, la directora aseguró que el sistema estaba roto porque mantiene pobres a los niños pobres. Y condenó una cultura de excusas y de bajos estándares. También denunció el mar de burocracia que ahoga al sistema. Ese momento de fama le hizo perder su trabajo en la escuela St Michael and All angels academy. Pero acaparó todos los titulares. El precio de ese éxito fue que le cerraron todas las puertas en el sistema público. Así que decidió abrir su propio colegio, el actual. En estos diez últimos años, el centro ha sido calificado como ‘sobresaliente’ por el regulador independiente ‘Ofsted. Y ha acaparado la atención a nivel internacional. Es un ‘free school’, escuela libre. Un sistema que permite la gestión del centro por organizaciones sin ánimo de lucro. Reciben financiación pública, pero funcionan de manera independiente, por lo que pueden crear su propio plan de estudios. Los profesores rigen las clases mediante la instrucción directa: explican ,argumentan y dirigen el trabajo, sobre todo individual. Fomentan el aprendizaje de memoria, la práctica de la lectura, la escritura y las exposiciones orales. Según su filosofía: las escuelas que dedican sus sesiones a dar clases de autoestima, pierden el tiempo. La felicidad es un subproducto de tener un propósito y un sentido en la vida. Pero si haces que tu propósito sea la felicidad, nunca lo alcanzarás. El centro trabaja la gratitud constantemente. Los almuerzos de treinta minutos apenas duran 15, el resto del tiempo son para dar las gracias. A mi madre por tener el uniforme listo. A mi profesor por hacerme aprender matemáticas… La directora explica que su método proviene del escritor estadounidense Doug Lemov, autor de: Enseñar como un campeón. Sin atención no hay aprendizaje y han de mantener una postura adecuada. Además, inciden en que aprendan sobre la identidad británica. Enseñan su himno y ponen la bandera del Reino Unido. Incluso, la directora les comenta acerca de su experiencia como inmigrante. La directora nació en Nueza Zelanda pero pasó su infancia en Toronto, Canadá. Su padre era un profesor académico guyanés y su madre jamaicana, enfermera. La familia se mudó al Reino Unido cuando su padre aceptó un puesto en la universidad de Warwick. Katharine se licenció en francés y filosofía en Oxford. Apuesta por una enseñanza tradicional, donde los alumnos reciben una gran cantidad de órdenes. Aquellos que se incorporan a los 11 años tienen que asistir a un entrenamiento de siete días, antes de iniciar su curso. Solo hablan cuando el profesor les da permiso. En el pasillo hay una zona donde pone: Desintoxicación digital. En esa sala, los alumnos que quieran pueden dejar sus móviles allí, voluntariamente. Los pueden depositar durante un día, una semana o todo el trimestre. Y la mayoría, decide hacerlo. Por otro lado, no faltan los detractores y críticos con estos métodos de enseñanza. Inciden en que no se les enseña a pensar por sí mismos. Que se elimina la espontaneidad de los estudiantes. Que parecen robots clónicos y no pueden desarrollar su propio estilo o manera de hacer las cosas. El debate en torno a esta forma de enseñar sigue siendo encendido. En el Reino Unido la política en las aulas estaba ligada a las clases sociales. Hubo un tiempo donde la educación era igual para todos. Decían que se golpeaba hasta hacer sangrar a los hijos de príncipes y mendigos. En la década de los 60 se cambió de enfoque. La disciplina estricta, el silencio y la tiza pasaron a estar fuera de lugar. Y priorizaron los juegos, el trabajo en grupo y el buen ambiente en clase. Pero los viejos métodos nunca desaparecieron del todo en las escuelas privadas. Ahora hablan de educación ‘neoestricta’. Donde usan el elogio como ‘arma’. Reparten puntos como valor por el mérito. Por eso cuando Michaela hace una pregunta, todos los brazos se levantan a la vez. En conclusión, el debate sobre los métodos de enseñanza, lejos de terminar, sigue más abierto que nunca.
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